La consejería intensiva

La consejería bíblica es efectiva en varias modalidades. He visto a Dios manifestarse mientras aconsejaba a alguien en un avión, en una cafetería o en el living de mi casa. En ocasiones, cuando los problemas son complejos, se necesitan contextos más formales. Sin embargo, en otras ocasiones, cuando un matrimonio está tan impedido por conflictos no resueltos, o por una adicción muy arraigada, o por el miedo que debilita a alguno de los dos o por la desesperanza se necesita más tiempo y un contexto distinto.

Un ejemplo de consejería intensiva

Lidero un ministerio que se llama Twelve Stones(Doce Piedras) en el estado de Indiana (EE.UU.). Son retiros intensivos para recibir consejería bíblica para individuos, parejas, familias y líderes que estén luchando con conflictos, perdidas, adicciones, abusos, temor, desesperación, entre otros problemas. Diseñamos este ministerio para ayudar a los que sufren y para preparar a los que los acompañan (les pedimos que elijan a un amigo piadoso, alguien que los acompañe en todo el intensivo, por los siguientes seis meses).

El ministerio funciona hace 14 años y ha atendido a más de 1000 personas y familias en estos retiros intensivos. Quiero abordar cuándo y por qué esta modalidad es efectiva para tratar crisis o patrones de sufrimiento o pecado que perduran en el tiempo.

La consejería intensiva de cerca

Supongamos que una pareja llega un martes a la noche a una cabaña hermosa y remota en el bosque. Lo cierto es que ellos no tienen muchas esperanzas porque su matrimonio ha estado en un punto muerto por tanto tiempo que no pueden pensar en que ahora sea distinto de lo fueron estos 10 años de consejería. El esposo quiere estar aquí tanto como le gustaría que el dentista le haga un tratamiento de conducto, y la esposa se aferra a esto como su última esperanza para este matrimonio que está a punto de morir.

El viaje desde el aeropuerto los desorienta un poco, pero los sorprende gratamente que la casa es cálida y bien amoblada. Se encuentran con una nota personal de su consejero que los va a ver la mañana siguiente. Ven que hay algunas meditaciones para la noche para renovar sus mentes y aplacar los nervios. Encuentran un aperitivo y un refrigerador bien surtido. Ya han completado el formulario con su historia de vida y ya han dado toda la información personal, pero los inquieta contar su historia a la mañana siguiente. Están nerviosos, pero los conforta tener a otro matrimonio de su iglesia que los acompaña en todo el proceso. Les dijeron que el promedio de duración del intensivo es de dos días y medio. En el día uno, se comparte y se desentraña la historia personal, y se incluye una tarea para la noche con la ayuda y oración de los acompañantes. En el día dos, se busca cual es la perspectiva de Dios sobre este asunto, se llega al centro del problema y se comparten pasajes pertinentes de las Escrituras. Saben que el perdón es parte del plan, pero ambos esperan que el consejero se dé cuenta de que su pecado es mínimo en comparación con el pecado de su cónyuge.

El día tres está enfocado hacia una nueva costumbre. Ahora tienen una perspectiva de lo que hay detrás de las malas decisiones o del comportamiento anormal que les ha estorbado en su búsqueda de ser más parecidos a Cristo, y esperamos que estén con otra postura con respecto al arrepentimiento y al perdón.

No todos viven este proceso de la misma forma y el tiempo se adapta al individuo o a la pareja que llega al intensivo. Durante el proceso, algunos se dan cuenta que no tienen una relación personal con Cristo y vienen a Él por primera vez. Otros se encuentran con que no quieren cambiar cuando se los confronta con deseos que no van de acuerdo con su fe. Pero nadie se va confundido acerca de lo que Dios les está diciendo.

¿Qué lo hace diferente?

Cuando las parejas se van, piensan en cuanto han podido conseguir en tres días. Ambos están exhaustos, pero renovados. Se dan cuenta que solo recibieron 16 horas de consejería, pero que no fueron como las 20 semanas de consejería en la iglesia. Sin embargo, ahora ven cuanto necesitaban y de cuanta ayuda fueron esas semanas para llegar al avance que consiguieron en el intensivo.

Si cada uno tuviera que decir cuál es lo distintivo de este tipo de consejería, podrían decir algo así: “la cantidad de tiempo que pasamos viendo como nos afectó el pasado me parecía excesivo hasta que vi que necesitaba hacerlo para relacionar mi comportamiento con mis problemas emocionales”. Pero no solo fue la cantidad de tiempo sino el impacto de permanecer vulnerable por más tiempo, escuchar al otro por más tiempo, sentirse incomodo hasta desatar el nudo, entender el problema desde la raíz y liberar el dolor. El consejero parecía tan paciente, sabía mucho de la Palabra de Dios y los hizo sentir cómodos y escuchados. Puso todo su conocimiento al servicio de ellos para ayudarlos, pero luego fue a lo más profundo donde nunca pensaron que iba a llegar.

Están muy contentos de que el matrimonio que los acompañó haya estado con ellos, no estaban seguros de ir, pero ahora no se imaginan haber pasado por todo esto sin su ayuda. Su presencia los ayuda a dejar el orgullo de lado, sus puntos de vista los pone de rodillas, sus oraciones los alienta y su compañía les da esperanza. Ahora se conocen de una nueva forma. Y están comprometidos con un proyecto a largo plazo, leerán juntos los libros que les asignaron, estarán en contacto y orarán juntos todas las semanas. Ahora se sienten menos incómodos al pedirles algo porque sus acompañantes saben cuánto los ha bendecido este tiempo juntos.

Sabemos que el intensivo no fue una solución mágica, pero no lo decepcionó porque Dios se mostró de una forma que los sorprendió. Escribir un salmo personal a Dios por las noches o recordar Su gracia puso las cosas en perspectiva. Escuchar la historia de su vida en voz alta les hizo tener más empatía y los preparó para el ejercicio de perdón de la segunda noche. Fue muy difícil bajar las defensas, pero mientras veían todo por lo que Dios les había perdonado, era obvio que no había lugar para el rencor viendo la misericordia que cada uno había recibido.

El consejero del intensivo los instó a seguir con las sesiones en la iglesia para solidificar lo que consiguieron y para trasladar esto a un crecimiento a largo plazo para su iglesia donde Dios continuará el proceso de santificación. Le pidieron a sus acompañantes que hagan el seguimiento y ellos aceptaron con gusto. Ambos tienen un poco de inseguridad porque no saben si esto perdurará, pero sienten un compromiso renovado de seguir a Cristo aun teniendo un matrimonio que todavía es frágil.

 ¿Cuándo se necesita la consejería intensiva?

Veamos algunas razones por las cuales este tipo de consejería es necesaria. A propósito, esta modalidad no tiene por qué ocurrir en el contexto de un bosque y no tiene por qué durar tres días. Dicho esto, el contexto, el tiempo y la competencia del consejero son factores cruciales para el éxito de esta historia. Se los explico mejor a continuación.

  • Cuando se necesita un contexto diferente: la consejería intensiva se da mejor en un contexto confortable y sin distracciones. Tener acompañantes es un factor muy significativo para crear un ambiente de apoyo, intercesión y reflexión personal. El lugar y con quienes uno esté en la habitación es importante. Escuchar historias de vida también le agrega seguridad y familiaridad.
  • Cuando se necesita más tiempo: no solo más tiempo en un intervalo más corto, sino el tiempo acumulado hace una gran diferencia cuando el nudo esta enredado y apretado. Es como querer desenredar un ovillo de lana que está muy enredado, o una línea de pescar que está anudada al carrete. Si tienes que irte antes de terminar de desenredarlo, cuando vuelvas quizás no sepas por dónde empezar, muchas veces esto resulta perjudicial. Esto me ha ocurrido en la consejería semanal cuando hay una crisis o cuando el caso es tan complejo que una hora no es suficiente para mostrar lo que hay detrás del problema ¡y mucho menos para animar y dar tarea! En muchos casos, agregar una hora hizo la diferencia. Por lo que, la consejería intensiva podría equivaler a dos o tres horas semanales o semana de por medio cuando hay quienes acompañan a los aconsejados entre sesiones. Si hay más tiempo y es tiempo acumulado se hace una gran diferencia.
  • Cuando se necesita más experiencia o competencia: para llevar a cabo este tipo de consejería, creemos que el consejero necesita alrededor de 500 horas en solitario en sesiones de una hora. El entrenamiento a este nivel es muy bueno, y es algo que no se enseña, se adquiere. Por esto, Twelve Stones ofrece pasantías que ayudan en este aprendizaje experimental en un contexto real. La Biblia en manos de quienes han sido humillados por el sufrimiento, llenos de esperanza por el obrar de Dios en medio de situaciones difíciles, perfeccionados y preparados a través de éxitos y fracasos, es como un bisturí en las manos de un cirujano muy talentoso. Sinceramente, ¿irías a un médico que tenga hechas 10 cirugías o a uno que tenga 100? El mismo bisturí, pero en diferentes manos.
Conclusión

Para algunos problemas no se necesita la consejería intensiva, pero es una muy buena opción para problemas que necesitan más cuidado. Si estás haciendo consejería bíblica y tus aconsejados se dejan enseñar, pero el problema es muy complejo y todavía no encuentran soluciones luego de muchas semanas, esta modalidad puede ser la solución.

Preguntas para reflexionar

¿Has aconsejado a alguna persona o pareja con problemas tan complejos que hubiesen podido beneficiarse con la consejería intensiva? ¿Has experimentado los beneficios de contar con acompañantes en la consejería semanal o intensiva?

Garrett HigbeeGarrett Higbee es uno de los miembros fundadores de Biblical Counseling Coalition. Sirve como presidente del ministerio Twelve Stones en Indiana y es el director de la atención pastoral para Great Commission Collective. Ha sido el creador de muchos recursos para Biblical Soul Care®, destinados para el discipulado en grupos pequeños. El y su esposa Tammy tienen tres hijos.

Traducido por: Ana Luz Herbel

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