Cambiando nuestros deseos/afectos

“Yo sé lo que es correcto, pero parece que no puedo hacerlo.“ ¿Cuantas veces has escuchado estas palabras en una consejería? o ¿cuán a menudo es esto realidad en nuestras propias vidas, mientras que luchamos por vivir las verdades que explicamos incontables veces a otros? Luchar por hacer lo que es correcto, cuando sabes lo que es correcto, es tan común a la humanidad como un corazón que palpita.

La manera en la que aconsejamos está inseparablemente ligada  con nuestra antropología. Esta es una de las razones por las que la buena consejería siempre proviene de una buena teología. Los teólogos han discutido largamente las inter-conexiones del corazón. Aunque son llamadas muchas cosas diferentes, constantemente se identifican tres funciones: Cognición (pensar/razonar), afecto (deseos/emociones) y volición (voluntad/acciones). Todo Sistema de consejería debe explicar, lo que le ayuda a los individuos a cambiar en, cada una de estas tres funciones del Corazón.

Vivimos en una cultura que eleva la cognición. Nuestras escuelas están basadas en la idea de que la educación es la transferencia de la información. Las formas dominantes de terapia (acercamientos cognitivos-comportamiento) insisten que las personas cambian cuando su pensamiento cambia. Aun teólogos respetados parecen a veces indicar la preeminencia de la mente. No es que la cognición no sea importante. De hecho la experiencia humana es imposible sin la cognición. Pero cuando yo leo las Escrituras, parece que la cumbre de la acción humana no es la cognición sino el afecto.

Las porciones narrativas de la Escritura, ofrecen una serie de evidencias de la necesidad del afecto para la acción correcta.  La historia de la caída de Eva hace uso del lenguaje afectivo – no cognitivo – para describir las razones por las que ella rechazó a Dios y abrazó la rebelión. El árbol era “bueno,” “deleitoso “y “deseable” (Gén. 3:6) “entonces ella tomó del fruto y comió.” Para ser técnico, el consecutivo imperfecto “vav” en el texto Hebreo indica que el complacerse en el fruto, fue una acción consecuente de desearlo. Mientras que la cognición está a la vista mientras que la mujer cree las palabras de la serpiente por encima de las del Creador, el texto mismo describe su decisión en términos afectivos, no cognitivos. “Ella no pesó las palabras de Yahweh y las de la serpiente,” sino que deseó el fruto deleitoso.

La historia de Abraham provee otro ejemplo de la interacción entre cognición, afecto y acción. Génesis 15:6 declara que “Abraham creyó a Dios,” y la naturaleza fija de su creencia es demostrada cuando Dios le llama justo. Cinco capítulos más tarde, encontramos a Abraham engañosamente llamando a su esposa, hermana (Gen. 20). El centro del razonamiento de Abraham era miedo: “me matarán por causa de ella” (Gen. 20:11) aunque él creyó la promesa de Dios de que él sería el padre de muchas naciones, esta verdadera creencia no lo  impulsó a la acción consistente con esa creencia. Abraham no hubiera podido tener un hijo a través de Sara  si estuviera muerto. Aun así, vemos que su miedo (afecto) le guía a una acción malvada a pesar de su creencia intelectual en la seguridad del pacto de Dios.

Jonás tampoco dudaba de la revelación de Yahweh de sí mismo sobre Su carácter. En su conversación con Dios, Jonás ofrece una cita directa de la auto-revelación de Dios. Sin embargo, este correcto entendimiento cognitivo de quien Yahweh es, lo llevó a su escape desobediente a Nínive. Jonás deseaba (afecto) la destrucción de los ninivitas y consecuentemente se escapó (voluntad) de su tarea de proclamar el mensaje de arrepentimiento.  Este patrón es consistente en Jonás, a medida que su entendimiento cognitivo correcto de Yahweh como “Dios de los cielos que hizo el mar y la tierra seca” no le dio pausa para subir a bordo de un barco, en su escape  (Jonás 1:9).

De las epístolas, Santiago ofrece, lo que quizás es, la enseñanza más clara de la relación entre nuestros afectos y comportamiento. Santiago 4:1-3 localiza la fuente del problema en las pasiones del hombre (ἡδονῶν). Ellas  “pelean” y “combaten,” “matan,” y “codician” porque “desean y no tienen.” Santiago 4:17 concluye “Entonces es pecado saber el bien y no hacerlo.” Santiago no parece pensar que la lucha primaria en los creyentes es que ellos no saben lo que es correcto, en su lugar, la lucha está en que conocen lo que es correcto y fallan en hacerlo.

En aras de la brevedad, no vamos a ver pasajes más allá de estos cuatro. Sin embargo, este patrón consistente se muestra a través de las Escrituras y se iguala a la experiencia de nuestra vida. Casi todos los pecados que cometemos no es por falta de conocimiento de lo que es correcto – o siquiera una falta de conocimiento de que tenemos el poder para hacer lo que es correcto (1 Cor. 10:31) nosotros pecamos porque queremos.

Cambiar los deseos es central para toda  transformación Cristiana. ¿Pero cómo lo hacemos? ¿Cómo ayudamos a nuestros aconsejados (y a nosotros mismos) a ser transformados en sus deseos? Yo sugiero cinco facetas para cultivar afectos correctos. Estos no son pasos secuenciales, sino que son aspectos de cómo el Señor cambia nuestros afectos.

Primero, es importante reconocer que nadie posee dentro de él, el poder de cambiar sus propios afectos. Pablo articula que es Dios quien obra en nosotros  “Él despierta en ustedes el deseo de hacer lo que a Él le agrada y les da el poder para hacerlo” (Fil. 2:13-14, PDT). La transformación de nuestros afectos es un producto de la obra de Dios en nosotros. Nosotros no traemos el deseo y luego Dios nos da el poder para actuar, en su lugar, cualquier amor que tenemos por las cosas correctas, es una obra de la gracia de Dios. Trabajar más duro no va a producir los deseos correctos.

Segundo, es importante darse cuenta que a menudo no tenemos los deseos correctos porque no los hemos estado pidiendo. Debemos orar que Dios incline nuestros corazones hacia el anhelar las cosas que son correctas. Sabemos que Él nos dará “buenas cosas” (Mat. 7:9-11) y las buenas cosas incluyen los deseos correctos. Le he preguntado a muchos aconsejados, que luchan con amar las cosas correctas, si ellos han estado pidiéndole a Dios que les dé los deseos correctos; casi ninguno de ellos lo ha hecho.

Tercero, debemos pedir los deseos correctos con motivos correctos. Nuestros corazones son engañosos (Jer. 17:9), y somos prontos a pedir buenas cosas con los motivos incorrectos. Pedimos humildad, para tener el honor de ser conocidos como humildes. Pedimos paciencia para sentirnos más justos que nuestro oponente de mecha corta, en una pelea. Pedimos auto-control, deseando juzgar a otros que tienen menos. Debemos pedirle a Dios deseos correctos que nacen de un deseo de agradarlo a Él y vivir nuestro llamado como creyentes. Si pedimos con los motivos incorrectos, podemos estar seguros de que no vamos a recibir nada (Santiago  4:3).

Cuarto, abrazamos la Palabra de Dios. En 1 Timoteo 1:5 la interacción entre el contenido cognitivo y los afectos está claramente articulado: “La meta de nuestra instrucción es amor…” El aceptar una verdad cristiana de las Escrituras, crea amor que no existía antes de su recepción. El Espíritu usa el evangelio  para crear nuevos deseos en los corazones no regenerados y continúa usando la Palabra de Dios para hacer crecer en nosotros los afectos correctos. Una lectura superficial del Salmo 119 demuestra el cercano vínculo entre meditar en la Palabra de Dios (cognición) y un amor lleno de gozo (afecto) por Dios. El salmista se deleita en los estatutos de Dios y atesora su Palabra en su corazón (Salmo 119:11, 16). El Señor ha diseñado nuestros afectos de tal manera que se inclinan y están moldeados por las promesas que sostenemos en nuestro corazón. La consejería que apunta a los afectos no minimiza la trasmisión de la verdad; utiliza la verdad como un vehículo necesario para transformar los afectos.

Quinto, caminamos en obediencia. Pareciera contradictorio, acercarse a alguien diciendo “parece que no puedo obedecer” con el mandamiento  “camina en obediencia,” pero la Biblia es clara que la obediencia es una parte crucial para la transformación de nuestros afectos. Salmo 119:1-2 declara  “¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto, los que andan en la ley del Señor! Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan” (BLA). Entre más un individuo resiste la tentación y camina en justicia, tanto más fuerte se volverá su deseo de caminar en justicia. Debemos ayudar a nuestros aconsejados a entender que el resistir la tentación de hecho nos hace crecer en afectos piadosos, mientras que el deleitarse en el pecado mata nuestro deleite en Dios (Salmo 32:1-6; Santiago 4:7).

La consejería Biblia efectiva no ignora o minimiza la importancia del contenido cognitivo de la cristiandad, la necesidad de la vida fiel, o la urgencia de los afectos correctos. En su lugar, nace de una antropología correcta, reconociendo el papel de cada aspecto del funcionamiento del corazón.  Equipar a los aconsejados con un entendimiento bíblico de cómo sus corazones funcionan, les equipa para el éxito empoderado por el Espíritu a medida que buscan amar al Señor su Dios con todo su corazón.

Preguntas de reflexión

¿Qué tan consistente eres en ayudar a tus aconsejados a crecer en sus afectos? ¿Qué modificaciones puedes hacer para ayudarles a crecer en sus deseos piadosos?

Nate BrooksNate Brooks se desempeña como Coordinador del Programa de Consejería Cristiana en el Seminario Teológico Reformado – Charlotte y está cursando un Ph.D. en Consejería Bíblica en Southwestern Baptist Theological Seminary. Asesora y enseña en la Iglesia Bautista Oakhurst en Charlotte, Carolina del Norte, donde vive con su esposa y sus hijos.

 

Traducido por: Martha Velazquez

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