Una respuesta Cristiana al suicidio o a los pensamientos de suicidio (Parte 1)

El Suicidio ha estado de nuevo en las noticias esta semana. Es difícil entender, cuando aquellos a los que admiramos, se quitan su propia vida. Una diseñadora famosa y un personaje de los medios cada uno se quitó su propia vida en momentos de profunda desesperación. Más tarde en la semana no fue sorpresa ver los encabezados “la tasa de suicidios se ha incrementado más del 25 % desde 1999,  de acuerdo al centro de control para enfermedades.

¡El suicidio está incrementado trágicamente! Los cristianos necesitamos estar listos con respuestas que dan esperanza a aquellos que están considerando el suicidio y a los que han sido lastimados por la pérdida de alguien cercano. Uno de mis primeros casos de consejería como pastor joven, fue a dos muchachos de la escuela media cuyo padre se había quitado su propia vida. Yo estaba un poco sobrecargado tratando de brindar esperanza a lo que se sentía como una situación sin esperanza. Apenas esta semana hablé con un pastor cuyo líder de un ministerio muy renombrado, se quitó la vida en meses recientes.

¡El suicidio no solo está sucediendo “allá afuera” o a las celebridades!

¿Cómo desarrollamos respuestas fielmente bíblicas y cuidadosas, para el interés alrededor de este tema? En los meses después de que Robín Williams se quitó la vida, algunos expertos estiman que la tasa de suicidio se incrementó 10%. Podemos quizás esperar más de lo mismo después de estas semanas. A menudo escuchamos que el suicidio se puede evitar y animamos a las personas a buscar ayuda, pero algunas de las formas en que se explica el suicidio, son contraproducentes para  quienes luchan y se sienten lo suficientemente seguros como para buscar ayuda.

Debemos volver a pensar como hablamos acerca del suicidio.

Aquí hay algunas declaraciones contraproducentes, que quizás puedas escuchar, en una conversación normal en las semanas cuando el suicidio entra en el ciclo de las noticias.  

  1. Quienes cometen suicidio “Tienen un órgano (cerebro) que no les funciona.” (1)
  2. Quienes tienden al suicidio, tienen  “la enfermedad de la depresión” lo cual puede ser terminal, como cualquier otra enfermedad seria.(2)
  3. Los anti-depresivos están induciendo más al suicidio y son mal recetados o abusados. (3)

Todas estas declaraciones si se toman aisladas pueden ser muy dañinas porque pintan un panorama de la realidad con poca prevención. Los dos primeros  presuponen que el suicidio es una enfermedad que no tiene cura. El último presupone que la “cura” está enfermando más a las personas. ¡Las tres declaraciones fallan en dar esperanza!

La causa principal

Para poder dar una respuesta sabia a alguien que está contemplando el suicidio, debemos entender la manera en que la Biblia describe la condición humana y la manera en la que respondemos a la vida, en un mundo caído. El suicidio comienza mucho antes de que la persona se quite su propia vida (Prov. 13:12). A menudo lo describimos así: la decepción conduce a la falta de contentamiento, la falta de contentamiento conduce al desespero y el desespero conduce a las elecciones destructivas.

Debemos entender que el suicidio comienza con “la decepción” y las razones pueden ser tan diversas como lo somos nosotros. Por ejemplo:

  • La decepción de perder el trabajo o una aplicación a la Universidad negada
  • La decepción del divorcio o las relaciones destructivas
  • La decepción de una adicción saliéndose fuera de control
  • La decepción de sentimientos depresivos que no ceden
  • La decepción de la bancarrota, juicio hipotecario o un cambio forzado en la vida
  • La decepción de un abusador que no se rinde
  • La decepción de las indiscreciones privadas expuestas
  • La decepción de un diagnostico terminal o de la longevidad indeseada de la vida

Toda persona que tiende al suicidio tiene una historia y comienza con la decepción. No comienza con la mala función de un órgano, enfermedad cerebral o una resistencia al  dar mal uso a los antidepresivos. Todas estas cosas pueden quizás estar actualmente presentes, pero el suicidio es mucho más complicado que una simple enfermedad patológica o un efecto secundario de la medicina. Cuando reducimos las historias envueltas en el suicidio a estos factores, o aún, si enfatizamos estos factores, no le ayudamos a las personas a aprender a vivir con las decepciones de una manera saludable. Nosotros, de hecho, somos contraproducentes al presuponer que el suicidio es tan inevitable como el cáncer.

Luchar con pensamientos de suicidio se siente casi como estar atrapado en el desierto. Aun así, Dios nos recuerda que aun cuando no nos sentimos amados en el desierto, seguimos siendo amados por un Dios fiel. Jeremías entregó este mensaje del Señor a sus hijos que se sentían frustrados mientras estaban lejos de Dios cuando vagaban.

Así dice el Señor: »Los que sobrevivan de la destrucción venidera encontrarán bendiciones aun en las tierras áridas, porque al pueblo de Israel le daré descanso». Hace tiempo el Señor le dijo a Israel: «Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí. (Jeremías 31:2-3 NTV)

No se preocupe por tener todas las respuestas (nadie las tiene) pero sea un amigo que muestra amor fiel, escuche su historia en el desierto y recuérdeles de la suficiente gracia que se encuentra en Cristo.

Espera la segunda parte mañana.

Escrito por: Tim Allchin 

Traducido por: Martha Velazquez

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