Una respuesta cristiana al suicidio

El teléfono sonó en medio de mi séptima celebración  de cumpleaños. Mi madre contestó y rápidamente le pasó el teléfono a mi papá. Vi preocupación en su rostro y  tan pronto cuando mi fiesta termino, él salió de la casa, aun claramente temblando. Más tarde en la semana supe que la llamada había sido acerca de un muchacho en su ministerio de jóvenes que se había quitado la vida.

Algunos se han preguntado cómo mi papá, un pastor de jóvenes, se convirtió en un consejero bíblico reconocido. Ese día tuvo que ver mucho con eso. Él sabía que futuras vidas se podrían salvar, si la iglesia podía aprender a brindar mejores respuestas a la gente joven con problemas.  Lo condujo a seguir un entrenamiento en prevención de suicidio en la universidad Penn State y luego a buscar un doctorado en consejería bíblica en el seminario Westminster.

En la parte uno de esta serie, atacamos la noción equivocada de que el suicidio es mejor visto como una mal función del cerebro, una enfermedad terminal o el resultado del uso inapropiado de los antidepresivos. En su lugar dijimos que el suicidio es una progresión hacia abajo comenzando con una intensa decepción, que al final conduce al desespero y a las elecciones destructivas, si la persona está sin esperanza para salir del desespero. Si, el cerebro físico es afectado por las circunstancias dolorosas que llevaron al desespero  pero no es útil decir que la mayoría de suicidios pueden ser simplemente explicados por una mal función del cerebro que impulsa al suicidio. Esto no puede ser apoyado por la buena ciencia, tampoco por una descripción bíblica de la vida en un mundo caído. Somos mucho más complicados que solo personas que responden biológicamente, psicológicamente, teológicamente, cultural o socialmente. Nuestro ser experimenta la vida en todas estas dimensiones, y nuestra vida espiritual (deseos del corazón, creencias, valores) impacta significativamente todo esto también.

Entonces, ¿cómo nos envolvemos con quienes están considerando el suicidio como una opción?

Primero debemos recordar que los pensamientos de suicidio se sienten fuera de control para quienes están ayudando. Los pensamientos de suicidio a menudo son acompañados por un surgir de ira, ansiedad incontrolable, conflictos relacionales, abuso de sustancias y estrés debilitador. Incidentalmente, estos también son los factores de riesgo que los investigadores de la salud mental han identificado como una depresión incremental y prolongada. La depresión y el suicidio a menudo caminan de la mano, y ambas necesitan desesperadamente la esperanza del evangelio.

Uno de los principios en nuestro entrenamiento es lo que llamamos “el principio del buen samaritano” o a lo que otro consejero bíblico se ha referido como “envolvimiento.” Entrenamos en depresión y suicidio en nuestro curso de  certificado de consejería laico porque nuestros consejeros necesitan  saber cómo responder  y saber que se requiere de un acercamiento de un equipo de trabajo para ayudar a la persona suicida. Al pasar de los años, nuestros consejeros han identificado objeciones comunes para envolverse con personas suicidas. Sin embargo, salvar vidas es muy importante para nosotros como para permitirle a estas objeciones que queden sin ser verificadas:

Objeción #1 – Realmente no puedo ayudar; no soy profesional y no tengo las credenciales.

Respuesta: cuando usted sospecha de que alguien que conoce quizás sea suicida, puede ser desalentador pensar que quizás Dios te tenga para ministrarle a ese individuo. ¿No sería mejor si hablaran con un consejero profesional y licenciado acerca de estas cosas? Sin embargo, por favor dese cuenta que ningún consejero profesional se envolvería, sin que un amigo o familiar primero pregunte: ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?  Mientras que algunos temen una conversación rara, las personas suicidas, casi siempre, llegan a apreciar el corazón detrás de esa rara conversación. El que tú preguntes no va a acelerar su suicidio y es a menudo la razón por la que los individuos suicidas ceden.

Objeción #2 – Realmente no  puedo ayudar porque no soy doctor.

Respuesta: la medicina es un asunto complicado para las personas suicidas porque muchos ya han probado la medicina y encuentran que su falta de resultados es una nueva decepción. Las recientes advertencias a menudo crean temores que la medicina psiquiátrica “hace a las personas suicidas”.  1] mientras que su doctor o amigo quizás teman que la falla de tomar la medicina va a incrementar sus ideas suicidas. Aunque estemos cerca de tener respuestas científicas a este tipo de preguntas, podemos esperar que esto continúe siendo calientemente debatido en las esquinas del internet. [2] En realidad, Si alguna medicina tuviera una tasa de éxito innegable en la reducción del pensamiento suicida, ¿no estaría claro  ahora? La decisión de tomar medicinas para hacer nuestro pensamiento más lento y para nivelar el sentimiento intenso de desesperación es una decisión personal y quizás sea de ayuda para quienes están sufriendo con pensamientos suicidas. Los estabilizadores del humor a menudo pueden ayudar  a la persona a recobrar el control de los sentimientos.[3] Sin embargo, ninguna medicina puede lidiar verdaderamente con la decepción, falta de contentamiento, desesperación y un deseo por autodestruirse para escapar del dolor. Quienes luchan con pensamientos de suicidio necesitan amigos sabios y fieles que caminen con ellos por un largo periodo de tiempo a medida que ellos aprenden a lidiar con las decepciones de la vida de maneras saludables.

Considere el mensaje de esperanza que se encuentra en Romanos 5:2-5.

Por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza;  y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.. (Romanos 5: 2-5 BLA)

Línea de fondo: El sufrimiento produce perseverancia, lo cual produce carácter, lo cual trae esperanza.

Los expertos de sobrevivencia al aire libre afirman que una de las fuerzas más poderosas que le permite a una persona salir viva es la esperanza. Una vez que la esperanza se pierde, no se tarda mucho en que la situación rápidamente se deteriore. Quizás la razón porque que Dios te trajo en contacto con una persona suicida es para que les continúes recordando el luchar por la esperanza. Proverbios 13:12 describe bien esta pelea por esperanza: “La esperanza que se demora enferma el corazón, pero el deseo cumplido es árbol de vida.” Note como la esperanza y la vida corresponden aquí. Es una verdad innegable.

Pelear por mantener la esperanza, protege nuestros corazones del desespero, la desilusión y las elecciones destructivas.

Proverbios 10:28-29 nos recuerda que la esperanza del justo no está en nosotros mismos. La esperanza del justo es una confianza segura en que Dios va a tener cuidado de nosotros sin importar como cambien las circunstancias a nuestro alrededor. Es escoger poner nuestra esperanza en Dios sabiendo que él va a usar esta prueba para nuestro bien y para Su Gloria (Romanos 8:28-29). Cuando abrazamos la gloria de Dios como la meta para nuestra vida, en lugar de nuestra propia felicidad, podemos aprender de cualquier prueba, sin importar cuán difícil sea. Entonces Dios va a guardar nuestros corazones con Su perfecta paz.

Escrito por: Tim Allchin

Traducido por: Martha Velazquez

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