El discernimiento en la consejería

El peligro de tener categorías de aconsejados

Para los consejeros, es fácil caer en la trampa de tener categorías de aconsejados. Es decir, en vez de abordar a la persona en su estado actual y buscar entender sus problemas que son únicos, solemos colocarlos en alguna categoría y aconsejarlos basándonos en la categoría y no en la persona. Por ejemplo, si un aconsejado lucha con la ansiedad, los llevamos a los mismos pasajes de la Escritura a los que llevamos al último aconsejado con ansiedad que tuvimos. O, si una persona consume pornografía regularmente, le damos el mismo consejo que le damos a los que luchan con el pecado sexual y nada más.

Es cierto que hay diferentes categorías de problemas y tentaciones similares que enfrentan las personas y son comunes a todos los seres humanos (1 Corintios 10:13), por eso es inevitable dar consejos similares a las personas que enfrentan problemas similares, pero es importante tener cuidado con esta tendencia (¡que solo a mí me sucede!) de dar la misma respuesta (ya preparada) a cada problema en vez de abordar la situación actual de la persona. Esto puede convertirse en una tendencia reduccionista que deje a los aconsejados con la sensación de que no fueron escuchados ni amados. Y aún peor, si como consejeros no somos capaces de considerar la situación de las personas, podemos estar dando consejos imprecisos y de poca ayuda.

Usar el discernimiento

Una de las referencias más útiles para saber cuál es la situación de una persona es 1 Tesalonicenses 5:14: “Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos”. A primera vista, parece que Pablo recomienda lo que yo estoy diciendo que no hagamos. ¿Nos está ordenando a que coloquemos a cada persona en una de estas categorías y que las aconsejemos acorde a la categoría? Si y no.

Su punto es el siguiente: estamos llamados a abordar a las personas en el punto en donde se encuentran. Dicho de otra forma: a ser pacientes, tener discernimiento en cuanto al trato con ellos. Dicho de otra forma: debemos poner lo mejor de nosotros para hacer lo que debemos con cada persona.

No es suficiente que como consejeros ministremos la Palabra de Dios a distintas personas como si fueran pasajes a los que acudimos para dárselos a ciertas personas. Debemos ser diligentes y preguntarnos ¿qué consejo específico necesita ESTA persona, con ESTA estructura, que está viviendo en ESTAS circunstancias, con ESTA historia y bagaje, que necesita escuchar de Dios ESTE día en particular? Eso es lo que Pablo nos dice.

Seguramente has escuchado que puede ser dañino abordar de la misma forma al desalentado que al indisciplinado. Y no ayudaríamos al débil si lo amonestamos de la forma que lo haríamos con un indisciplinado. Y no sería apropiado alentar al indisciplinado como lo haríamos con el desalentado. Es por eso que necesitamos el discernimiento en la consejería.

 Todos entramos en un nivel

Para nuestros propósitos aquí, nos preguntamos según 1 Tesalonicenses 5:14: ¿quién es el desalentado y quién es indisciplinado? Dicho de otra forma, ¿qué sucede en la vida de una persona desalentada que necesita ánimo y qué sucede en la vida de una persona indisciplinada que necesita exhortación y amonestación? 

El texto no lo específica, pero al menos es claro que la persona desalentada entra en la categoría de alguien que sufre, alguien que está experimentado o ha experimentado los efectos de la caída. Por lo tanto, necesita que lo alienten. Por otro lado, la persona indisciplinada (probablemente alguien capaz, pero que se niega a trabajar) entra en la categoría de pecador, ha pecado y no se ha arrepentido o sigue empeñado en vivir en ese pecado. Por lo tanto, necesita que lo amonesten.

Ahora, es importante que nos preguntemos: ¿cada persona que conocemos entra perfectamente en una de estas categorías? Claro que no. Todos entramos en las dos, sufrimos y somos pecadores todo el tiempo. Entonces, ¿qué significa esto en la consejería? Cada persona necesita que lo alienten y que lo amonesten en diferentes niveles. Hay niveles entre el pecador y el que sufre de los que tenemos que ser conscientes como consejeros.

Nuestro trabajo es discernir en qué nivel entra la persona en general y en qué nivel está en algún encuentro.

La consejería no es siempre directa

Pensemos en una esposa que se enoja con su marido por llegar una hora más tarde de lo prometido a su casa, ¿necesita aliento o amonestación? El énfasis puede variar si sabemos que ella hace poco descubrió que por varios años su marido se ha jugado la mayor parte de los ahorros en un casino después del trabajo.

O pensemos en una joven en llanto porque su prometido rompió el compromiso. ¿Qué necesita: aliento o amonestación? Sería útil saber si el prometido rompió el compromiso porque ella es dominante, controladora y manipuladora, pero ¿qué si, indagando, ella cuenta que su padre dejó a su mamá cuando iba a la escuela secundaria y eso la llevó a ser insegura en las relaciones?

Claramente, la forma en la que abordamos a las personas no es tan directa. Debemos ocuparnos de las personas y de la situación en la que se encuentran en un determinado encuentro. Algunos tendemos a inclinarnos a la izquierda de la escala (amonestando a pecadores), y otros a la derecha (animando al desalentado). Es importante que seamos conscientes de nuestras inclinaciones, pero no corregir en exceso. Necesitamos encontrar un balance bíblico y abordar a las personas desde donde se encuentren.

Ser fiel no requiere nada más ni nada menos.

Preguntas para reflexionar

¿Te has equivocado y has exagerando en enfatizar uno de los dos puntos con algún aconsejado? ¿Cuáles fueron los daños? ¿En qué parte de la escala tiendes a colocar a tus aconsejados? ¿Cuáles son algunas de las buenas razones para enfatizar una sobre la otra? ¿Cuáles deberías repensar? ¿Qué te ha influenciado para elegir una por sobre la otra? ¿Qué es necesario que hagas para encontrar un balance bíblico?

Joshua HaywardJoshua Hayward obtuvo la Maestría en Divinidades en Consejería Bíblica del The Southern Baptist Theological Seminary y en la actualidad es pastor en el área de consejería bíblica y disciplina familiar en High Pointe Baptist Church en Austin, Texas. Josh y su esposa están casados hace once años y tienen tres hijos, una hija y un bebé en camino.

Traducido por: Ana Luz Herbel

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