Cuando la Voluntad Soberana de Dios Parece Abrumar y Destruir

Por BETTY–ANNE VAN REES

 

¿Qué haces cuando Dios te manda algo que realmente no quieres? Sé que él es un

 

Padre celestial amoroso, pero algunas veces no lo parece. Cuando oras a Dios, ¿Le

 

pides lo que realmente quieres en esas circunstancias y después dices lo que Jesús

 

dijo, “no mi voluntad sino la tuya”? Estás sufriendo pero a la vez quieres honrar a Dios.

 

Frecuentemente escucho preguntas y comentarios como las del párrafo anterior. Creo

 

que esto ocurre porque la gente que me conoce sabe que he tenido que pasar por

 

circunstancias difíciles. Tal vez ven la esperanza en mí que les hace pensar que

 

posiblemente tenga una buena respuesta. Y tienen razón. Mi camino a la esperanza en

 

medio de sufrimiento profundo, no fue superficial. Fue difícil, fueron momentos llenos

 

de dudas que le expresaba a Dios y de hambre para entender de que se trataba todo.

 

Pero ese camino difícil reveló verdades útiles … pautas que puedo seguir en mi vida

 

… verdades que me dan esperanza. Lo siguiente son las palabras que compartí con

 

mi amiga:

 

“Esto suena serio. Quieres saber lo que yo hago? Me humillo delante de Dios y

 

recuerdo las verdades acerca de quien es él, y quien soy yo:

 

  • “El es Dios … yo no. Puedo tratar de sentarme sobre el trono, pero es inútil. Es un

 

reino falso, me doy cuenta que no soy lo que pensaba. El trono de Dios es real y él

 

nunca lo abandona. Inicialmente esto parece ser una verdad áspera, pero la verdad

 

es que ofrece el consuelo más profundo que existe. Dios es bueno y su voluntad no

 

puede ser detenida ni cambiada por nadie. No tengo que controlar mis circunstancias

 

sino que puedo descansar en saber que él ya lo tiene controlado aún antes que

 

supiera de la dificultad.

 

  • Los caminos de Dios son mucho más altos que los míos. Si él está haciendo algo

 

diferente a lo que yo quiero, él no es el que está equivocado. Es bueno en estas

 

circunstancias voltear a verlo a él con la expectativa de su respuesta, y permitir que

 

él me guíe en el camino que él ve claramente, aunque a mí me parezca oscuro y

 

peligroso.

 

  • Él es bueno y solo hace lo bueno (Salmo 119:68) – esto significa que todo lo que toca

 

mi vida descansa en y contribuye a sus buenos propósitos – sin importar cuan la

 

severidad de mis circunstancias.

 

  • Él ya conoce el fin de las circunstancias, y lo que para mí parece incorrecto, solo es

 

porque yo no veo el fin.

 

  • Le suplico a mi Señor que me ayude a creer lo que es verdadero y a rechazar las

 

mentiras que llegan tan velozmente.

 

  • Y es cierto, le ruego a Dios y le pido de la misma manera en que Jesús oró, “Si esta

 

copa pudiera pasar de mí … sin embargo, no mi voluntad sino la tuya sea hecha.”

 

Esto me lleva a la humildad profunda al orar así, sabiendo que las circunstancias que

 

tengo que pasar son ligeras en comparación a la profundidad del sufrimiento que el

 

corazón de mi Redentor tuvo que pasar.

 

  • Y yo hago lo que usted está haciendo cuando comparte su pesar conmigo: me

 

acerco con alguien para que me ayude … con oración y consejo. Cuando necesito

 

hablar con alguien, lo hago. Me beneficia escuchar las perspectivas de otros para

 

discernir si las circunstancias son tales que Dios quiere que trabaje en cambiar algo

 

o si en verdad, Dios me está llamando a soportar lo que estoy pasando de tal

 

manera que su gloria sea exhibida.

 

Sé que todo esto suena lógico, pero no siempre se lleva acabo tan ordenadamente. En

 

realidad, casi nunca ocurre así. Mi corazón intranquilo, y a veces los corazones tan

 

intranquilos de otros, estorban este proceso. En el tiempo de la Semana Santa, pasé

 

tiempo meditando en el Salmo 22, un salmo mesiánico. Encontré compañerismo

 

ameno allí y entendimiento para un camino de sabiduría por medio del sufrimiento y los

 

anhelos humanos. Mientras escribía, el salmista se movía entre un enfoque de

 

circunstancias dolorosas y la naturaleza de Dios. Esto me dice que no tengo que

 

avergonzarme ni sentir que estoy fallando cuando siento profundamente el dolor y

 

sufrimiento de mis circunstancias. Dios me invita a expresar lo que hay en mi corazón

 

delante de él, y en ese lugar seguro, no hay condenación. Esto no es algo que tengo

 

que corregir porque es la realidad.

 

Sin embargo, también veo que el salmista valerosamente y definitivamente se aparta

 

de sus circunstancias para enfocarse en la persona de Dios, observando quien es él,

 

cómo es él, y cómo se ha revelado en el pasado. Esparcido entre estas perspectivas es

 

una humilde y dependiente petición que Dios esté cerca y que provea alivio. Este

 

proceso hacia Dios cambia al que se acerca. Ya no está consumido por sus propias

 

circunstancias, porque está mirando en una dirección diferente con una pasión de

 

proclamar la grandeza de Dios. ¡Este cambio dramático de paradigma es

 

increíblemente poderoso! Las victorias de Satanás son alimentadas por el enfoque en

 

uno mismo. La naturaleza verdadera del cristianismo es indiscutiblemente una

 

orientación hacia otros. Cuando el corazón del salmista se dirige hacia afuera de sí

 

mismo, Dios puede usarlo para lograr propósitos del reino celestial.

 

Estas verdades penetran mi alma como un bálsamo y me dan gracia y valentía para

 

enfrentarme a lo que Dios ha diseñado para mi vida con esperanza – no por lo que yo

 

soy, sino por lo que él es y cómo él obra en el mundo.

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