Aflicción: Identidad o Emoción

Usualmente trabajo con personas que están sufriendo. De hecho, cada una de las personas con las que he trabajado ha experimentado un cierto nivel de sufrimiento. Su matrimonio puede estar en ruinas. Pueden estar batallando con culpa. Incluso, puede que otras personas les hayan lastimado profundamente. Así que frecuentemente hablamos de sufrimiento en nuestro tiempo juntos.

En muchos de estos casos también lidiamos con temas relacionados a la perdida / aflicción. Nos duelen nuestras pérdidas.

En muchas maneras, este es un tema particularmente apropiado tanto para mí como para Laura, puesto que tanto Laura como yo atravesamos aflicción a causa de la muerte de nuestros primeros conyugues.

No voy a hablar en nombre de Laura aquí — tal vez ella lo haga en un futuro–, pero voy a hablar por mí mismo.

Cuando Ann murió sentí que la vida había sido extraída de mí. Yo estaba en shock. Todo lo que alcanzaba a hacer era seguir respirando. Hubo emociones ciertamente muy poderosas en juego cuando me enfrenté a mi nueva realidad, confusión, tristeza y mucho más.

Pero la perdida / aflicción afecta más que sólo las emociones. También afecta nuestra identidad.

Uno de los más grandes problemas que enfrenté, fue el aterrizar quien era yo y quien seguiré siendo después de mi pérdida. Sigo siendo el mismo hombre en muchas maneras: aún soy padre y abuelo; sigo siendo hijo y hermano; también soy amigo. Sin embargo, ya no soy más el marido de Ann.

Muchos de mis amigos cercanos, con los que había caminado durante gran parte de mi vida, ahora vivían al otro lado del país. Yo estaba en un lugar nuevo, sin esos amigos, y además me encontraba en esta dolorosa nueva etapa de mi vida.

La manera en la que he simplificado esto para muchos, es resumir que mi historia cambió. Tuve que ajustarme a esta nueva historia. Tuve que aprender mi nueva historia. Tuve que familiarízame y estar cómodo con mi nueva identidad.

Al mismo tiempo, la historia de Dios, la gran historia, no ha cambiado en lo más mínimo. La tarea para aquellos de nosotros que vivimos con la pena de una perdida es que debemos ajustarnos a nuestra nueva historia, pero viendo cómo nuestra historia cambiante todavía encaja en la gran historia, de la cual sólo conocemos parte.

Después de la muerte de Ann he llegado a ver esta gran historia de nuevas maneras. Tengo un enfoque más fuerte en la eternidad de lo que nunca antes tuve. He llegado a amar la belleza de la verdad, que es que mi tiempo en esta vida es sorprendente e importante, pero pasaré una impresionante mayoría de mi total existencia en el cielo con Jesús, con todos los que han ido antes y se irán después. Mi relación con Ann se ha fracturado para el resto de este período de vida. Pero ella es libre de dolor. Ella es libre del contacto con un mundo deformado por el mal y del sufrimiento. Ella está con Jesús.

Espero lograr hacer las paces con esa realidad. Lo hare; sin embargo, la seguridad de pasar la eternidad con todos aquellos que aman a Jesús y habitar juntos en los nuevos cielos y la tierra nueva, hace que las aflicciones de esta vida sean, de alguna manera, más fáciles de soportar.

También he llegado a darme cuenta que en esta vida hay todavía muchas grandes bendiciones para mí y no estoy completamente centrado en la eternidad. Laura y yo podemos compartir las alegrías y las tristezas de ambas vidas, la que hemos tenido y la que estamos viviendo. Tenemos mucho aquí en esta vida. Eso forma parte de ver esta gran historia desde una nueva perspectiva.

El primer marido de Laura, Chris, la formó y me dio el regalo de una esposa que adoro. Ella es quien es debido a la vida que ella y Chris compartieron, las experiencias que hubiese tenido con él, sus hijos, su familia y todos los que le han dado forma.

Ann también me formó para ser el esposo que hoy soy para Laura. Compartimos entre nosotros nuestros recuerdos, historias y pensamientos acerca de Ann y Chris, porque en nuestro matrimonio, nos estamos dando a cada uno, una nueva identidad construida sobre la base de nuestras previas identidades. Hablamos de esto con frecuencia y sonreímos al ver cómo Dios nos ha preparado a través de alegrías y tristezas para ser lo que somos hoy.

Siempre habrá fotos de nuestras anteriores vidas en nuestro hogar. Sonrío cuando veo fotos de Laura y Chris. Y sé que ella está mucho más que cómoda cuando mira fotos mías con Ann.

Todavía nos duele esas pérdidas, que no se recuperarán en esta vida, pero por ahora, ya que seguimos aquí, estamos viviendo con alegría.

Más por venir, Steve.

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