El Corazón cerrado (1ra. Parte)

El dolor cierra el corazón. Cuando alguien lastima profundamente tu corazón, que una vez era cálido para con ellos, ahora se torna frio. Solías desear verlos, estar con ellos, compartir la vida con ellos, pero ahora el pensamiento de estar cerca de ellos te trae dolor, temor de ser lastimado otra vez, y con preguntas desconcertantes de por qué y cómo pudieron lastimarte tan mal.

Como cristianos, a menudo tenemos una sensación de fastidio de que no se nos “permite” solo evitar a alguien que nos ha lastimado por el resto de nuestra vida. Sabemos que probablemente deberíamos tratar a esta otra persona con amabilidad, al menos cortésmente, pero ¿tenemos que hacer algo más que eso? ¿Espera realmente Dios que podamos sentir de nuevo una auténtica calidez hacia ellos?

Quizás por años una esposa no se ha sentido amada por su esposo, ella constantemente piensa que él no la entiende. Él parece tener en poco sus opiniones. Ella continuamente resuelve ser una buena esposa para él y ser una madre amorosa para los niños, pero con cada descuido e insulto ella cierra más y más su corazón hacia él. Ella anhela un esposo que la conozca, la entienda, y la ame; pero después de muchos años de dolor ella difícilmente se da a sí misma para que él la conozca y la ame. Ella ya no comparte más sus sentimientos con él. Ella está dispuesta a cuidar con las manos, pero ya no queda nada en su corazón. ¿No es eso suficiente? o, ¿la llama Dios de alguna manera a abrir su Corazón?

Quizá un amigo de mucho tiempo estaba pasando por momentos realmente difíciles. Usted se dio por completo a él, largas llamadas, reuniones tomando café, muchas lágrimas derramadas, oraciones de súplica y cargas llevadas, aun así él una noche te dice que eso no es suficiente, “tu realmente no has estado ahí para mi” él explica, “yo sé que estás ocupado y eso, pero yo realmente estoy pasando por muchos problemas.” Comentarios sutiles acerca de tu incompetencia y preguntas acerca de tu cuidado continúan viniendo y eventualmente él deja de responderte las llamadas. Después de unos meses tú te enteras que él está asistiendo a otra iglesia. Tú lo ves en el supermercado o mientras dejas tus niños en la EBV y tú sientes la frialdad en el corazón. Tú puedes sonreír y ser amable, pero ¿es posible que te puedas realmente interesar por él?

El dolor de Pablo

El Apóstol Pablo no era ajeno al dolor relacional y al amor despreciado. Parece que algunos siempre criticaron abiertamente de su vida y ministerio (Fil. 1:17). En 2 de Corintios encontramos que, a pesar de su profundo amor por los corintios como hermanos y hermanas en la fe, aun ellos habían sido influenciados por sus críticos y comenzaron a pensar lo peor de sus intenciones y acciones.

Las acusaciones de sus críticos abundaban. Decían que: Él no era sincero (1:12; 2:17), Señoreaba con autoridad sobre los convertidos (1:24), y derribaba a otros (7:3a; 10:8b; 13:10). Ellos decían que él era inferior en conocimiento y no calificado como orador (10:10; 11:6), que sus peticiones financieras eran sospechosas (7:2; 12:16), y que su apostolado una farsa (12:12; 6:8; 11:13). Ellos insinuaban que él tenía motivos astutos y que estaba tomando ventaja de la gente (12:16-17) – Incluso que él estaba “fuera de su mente” (5:13). Es suficientemente duro tener a alguien que te acuse de tales cosas, pero es completamente otra cosa cuando incluso tus amigos comienzan a creerles. Ante tan mal entendido y dolor, Pablo tenía todas las razones para cerrar su corazón hacia los Corintios.

La respuesta de Pablo

Sin embargo, increíblemente en cambio de que su frialdad empujara a Pablo a alejarse, él crece en su afecto cálido por ellos y continúa abriéndose a ellos en amor.

 Nuestra boca, oh corintios, les ha hablado con toda franqueza. Nuestro corazón se ha abierto de par en par. No están limitados por nosotros, sino que están limitados en sus sentimientos. Ahora bien, en igual reciprocidad (les hablo como a niños) ustedes también abran de par en par su corazón. (2 Cor. 6:11-13)

El amor de Pablo por los corintios nos muestra que nuestros corazones se pueden ensanchar hacia otros, incluso ante gran dolor.

¿Has sido mal interpretado, calumniado, o acusado de intenciones egoístas al tratar de amar genuinamente? El Apóstol Pablo lo fue también. Su ejemplo nos muestra, sin embargo, que no tiene que conducir a tener un corazón calloso o guardado en una fortaleza de paredes gruesas. Dios es capaz de trabajar en nosotros de tal manera que podemos tener un corazón todavía “abierto” en el amor hacia aquellos que nos han lastimado.

El llamado a un Corazón abierto

Pablo no solamente modela esto en acciones, sino que manda a los Corintios a hacer lo mismo. Pablo les dice que ellos ‘están limitados en sus sentimientos” y él los llama a “abrir sus corazones”. Él reafirma esta idea en 7:2;  “Aceptadnos en vuestro corazón”. Él no los está llamando solamente que “lo traten bien”, como un padre amoroso espera que sus hijos retribuyan ese amor, también él los llama a amarle como él los ha amado (6:13).

¿Ha crecido tu corazón en frialdad hacia los hermanos y hermanas en Cristo? El llamado del Apóstol es para nosotros también: Dios quiere ensanchar nuestro corazón – incluso hacia aquellos que nos han lastimado. ¿Cómo se ve esto? ¿Cómo sucede esto? Vamos a ver más de eso en la parte 2, pero el primer paso es darse cuenta que esas zonas frías en nuestro corazón son lugares que el Señor anhela dar calidez por el poder del evangelio.

ESCRITO POR: Craig Marshall | TRADUCIDO POR: Martha Velazquez

 

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