¿Qué quiere producir Dios a través del sufrimiento?

A menudo cuando sufrimos recurrimos a amigos y familiares a compartir nuestro dolor. Nos apoyamos en aquellos quienes amamos y confiamos para ayudarnos en tiempos de sufrimiento. Pueden ser nuestros padres o un amigo cercano, un grupo de estudio pequeño, simplemente queremos contar nuestra historia a alguien y obtener empatía y apoyo emocional. Esperamos que si lo compartimos con alguien, la carga será más ligera para poder llevarla y a veces resulta.

Por desgracia, a veces cuando compartimos nuestro sufrimiento con estas personas en las que nos apoyamos, esto se convierte en abrumador para ellos. A veces las personas con las que contamos no están disponibles, están ocupados y nos quedamos solos, añadiendo abandono a nuestro sufrimiento.

Existen aquellos que recurren a las drogas y al alcohol “para escapar del dolor”. Escapar el dolor es el objetivo principal cuando estamos sufriendo. Algunos usan y abusan de medicamentos recetados para escapar y obtener alivio; y otros el uso de drogas ilegales creyendo que se llevaran el dolor. Abuso de alcohol para entorpecer o apagar los sentidos y en consecuencia tratar de olvidar el dolor y el sufrimiento, tampoco es inusual. El problema con este método de tratar con el dolor es temporal, y cuando termina el “viaje”, las pastillas se han ido, la botella se vacía, el dolor vuelve, a veces trayendo más problemas y complicaciones como consecuencia del uso de drogas, como dependencia física, problemas financieros o problemas legales.

Por naturaleza evitamos el sufrimiento y las pruebas y no las vemos como buenas. Nuestra carne se queja contra ellas, porque son dolorosas y desgarradoras y nos hacen sentir miserables, por lo tanto debe ser malos.

Sin embargo, independientemente de nuestra postura acerca del sufrimiento, este puede ser bueno para nosotros si nos enseña sobre Dios y sobre nosotros mismos. Es en el calor del sufrimiento cuando aprendemos de lo que realmente estamos hechos, y vemos lo que verdaderamente creemos acerca de Dios, quién es y quiénes somos para Él. ¡Dios puede lograr grandes cosas a través de nuestro sufrimiento!

“Me hizo bien haber sido afligido, porque así llegué a conocer tus decretos. “(Salmo 119:71 NVI).

 

Sufrimiento logra los objetivos de Dios

El sufrimiento nos identifica con Cristo (1 Pedro 4:3). Una parte del llamamiento que hemos recibido con la salvación incluye soportar sufrimiento injusto, como lo       hizo Cristo. Usted puede estar sufriendo en la actualidad por el pecado de otra persona en su vida y/o una decisión que hicieron. Confiar en Dios cuando usted está sufriendo por el pecado de alguna otra persona es duro pero no imposible; Jesús es el ejemplo por excelencia de cómo hacerlo (1 Pedro 2:21).

Sufrimiento aumenta nuestra fe. Dios tiene la intención de producir una fe completa y perfecta a través de las pruebas que enfrentamos. Santiago (en Santiago 1:2-4) dice que el objetivo de nuestras pruebas es que nuestra fe se convierten en perfecta, completa, a la cual no le falta nada. Por esta razón nosotros podemos regocijarnos en nuestras pruebas – porque está produciendo en nosotros una fe absolutamente y completamente perfecta – una fe que no carece de nada, en ningún sentido, por lo que cuando las pruebas vuelvan a nuestro camino, no tengamos duda en ellas o vacilemos en ir a través de ellas. Fe como esta se puede producir solamente por pruebas y desiertos/sufrimiento. Por esta razón podemos atravesar nuestras tribulaciones con alegría y darle la bienvenida a nuevas pruebas como amigas, porque son medios de Dios para terminar con la autosuficiencia y el principio de dependencia hacia Él.

El sufrimiento es también una confirmación de fe. Es un error decirle a un cristiano que están sufriendo pruebas y sufrimientos porque son pecadores o no suficientemente cristianos. ¿Esto es lo que los amigos de Job trataron de hacer, recuerdas? Querían que Job pensara que él fue dejado de lado por Dios debido a su sufrimiento. Dios nos trae pruebas y sufrimientos para madurar nuestra fe. Él nos hace más útiles para Él y podemos estar seguros de que Dios está madurando y completando su obra perfecta en nosotros.

Sufrimiento nos recuerda que Dios es soberano (Romanos 8:28-29). Creo que somos muchos los cristianos que luchamos con este punto. Es fundamental que entendamos los propósitos soberanos de Dios, lo que sufrimos es bajo Su autoridad. Dios lo está orquestando, Él está a cargo de todo. Él tiene un plan y un propósito para ello. Cuando vemos las acciones de Dios en la vida de su propio hijo Jesucristo, todos nuestros argumentos se caen (Juan 19:10-11). Cuando estamos luchando, en algún nivel, creemos que incluso Dios no tiene control sobre nuestras circunstancias.

Pero la verdad es esta: Si alguien o algo pudiera actuar fuera de su soberanía, entonces Él no sería Dios. Incluso en los momentos de desesperación debemos aferrarnos a Él y a su soberanía por encima de las personas y decisiones. Dios está siempre en control de nuestro sufrimiento. Él lo utiliza, Él trabaja en él y nos ministra a través de él, a nosotros y a las personas en nuestras vidas. Controla la duración del sufrimiento y está siempre, totalmente, 100% en control de él.

Sufrimiento aumenta nuestra dependencia de Dios y nos recuerda cuánto le necesitamos (2 Corintios 12:9). Somos unas criaturas tan independientes que en nuestros corazones soberbios pensamos que somos lo suficientemente inteligentes y sabios como para salir de cualquier prueba que se nos ha sido presentada. Queremos arreglarla nosotros mismos, como el niño de 2 años que insiste en vestirse por sí mismo y atar sus propios zapatos.

Pero cuando sufrimos, clamamos a Dios como no lo hacemos en ningún otro momento. Como cristianos sabemos intelectualmente que es nuestra única esperanza y nuestro único alivio, pero en nuestra carne en sufrimiento odiamos la aplicación de esa verdad. Hay miedo en la completa dependencia, porque sabemos que Dios no está obligado a manejar la situación como queremos que sea manejada y tememos lo que hará.

También tenemos miedo a ser débiles, vulnerables y dependientes, sin embargo, esto es lo que Dios desea. Dios nos coloca intencionalmente en situaciones donde debemos y únicamente podemos confiar sólo en Él. Nuestra comodidad y nuestra provisión vienen de Él. Cuando vemos nuestra debilidad y la incapacidad para arreglar o cambiar la situación con la que Dios nos ha asolado, ¡Él se regocija! Él dice, “¡Sí, ahora sí que estás entendiendo el punto!”

Cuando tu corazón comienza a mirar lo que Dios quiere lograr en el sufrimiento es cuando empiezas a crecer en sabiduría y cuando te sueltes de tu independencia y la insistencia de que puede solucionarlo, es cuando comenzamos a crecer y cambiar.

ESCRITO POR: JULIE GANSCHOW | TRADUCIDO POR: PRISCILA ACUÑA

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