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Querida mamá enojona - Parte 2


En mi última publicación, enumeré algunas razones por las cuales, si eres una mamá habitualmente enojona, debes cambiar. Hoy, me gustaría hablar sobre algunos pasos prácticos para hacer que ese cambio ocurra. Tal como lo veo, hay cuatro cosas que deben estar en su lugar antes de que pueda ocurrir un verdadero cambio de corazón o una transformación bíblica: debes ser capaz de reconocer en qué momentos te enojas; debes reconocer las expectativas no bíblicas; debes estar de acuerdo con Dios en que tu enojo es pecaminoso; y debes arrepentirte.


1. Reconocerlo rápido

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. (Santiago 1:19)


El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla. (Proverbios 15:18)


Primero, debes ser capaz de reconocer rápido cuando te estás por enojar. Las personas que se enojan fácilmente a menudo no son conscientes de sí mismas, y no reconocen la ira pecaminosa en sus corazones hasta que ya se ha apoderado de sus mentes. Muchas madres no ven las pequeñas irritaciones con la misma gravedad que la ira, por lo que las ignoran y tratan de seguir siendo "buenas madres". A menudo, la fuente de estas irritaciones es la desobediencia de parte del niño. Por ejemplo, después de pedirle a su hijo que se ponga los zapatos tres veces, una madre explota enojada, gritándole a su hijo y amenazando con quitarle todo lo que tiene si no se pone los zapatos ¡AHORA MISMO! ¿Ese estallido de ira salió de la nada? No, vino del fracaso de esta madre por imponer la disciplina apropiada, enseñándole a su hijo a obedecer la primera vez que le pidieron que hiciera algo. Entonces, el primer paso para cambiar este hábito es reconocer la irritación menor rápidamente y abordarla de inmediato.


2. Expectativas Bíblicas

Una vez que reconoces esa primera chispa de ira, ¿qué haces con ella? Este paso requiere un momento de reflexión, pero necesitas averiguar la razón a nivel de corazón por la cual tienes ira. Por ejemplo, Janie hizo una cena maravillosa, esperando que a todos les encante, y no recibe más que quejas de su familia. Se siente irritada porque su familia no aprecia todo el trabajo duro que hizo, y está dolida porque no les gustó. Dos cosas entran en juego aquí: Motivo y expectativas.


A medida que esta madre comienza a sentirse irritada, necesita preguntarse a sí misma: ¿Cuál es la razón por la que hice esta comida? ¿Fue para recibir cumplidos y adoración? ¿O fue porque es mi responsabilidad bíblica preparar la comida para mi familia? Si es lo último, entonces Janie estará contenta, porque ha tenido éxito en lo que se propuso hacer. Si es el primero, se enojará porque su motivo no fue bíblico. Lo mismo ocurre con las expectativas: si espera la aprobación solo de Dios, entonces ella estará contenta:


Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra. (2 Corintios 9:8)


Si Janie espera la aprobación y los elogios de su familia, ella estará herida. Las expectativas son vitales para aprender a controlar la ira, porque el Señor nos ha dicho que debemos hacer todo como para Él (Col 3:23). Si ella hizo la comida en un esfuerzo por cumplir el llamado del Señor sobre su vida, entonces Janie estará contenta independientemente de la respuesta de su familia.


3. Confesar

El siguiente paso a practicar es la confesión. Una vez que te hayas examinado y hayas determinado que tu enojo es realmente pecaminoso, debes confesarlo. Si solo te has enojado en tu corazón y no has pecado exteriormente, entonces está bien confesarlo solo a Dios.


“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.” (Salmo 32: 5)


Dile que estabas enojada; que tus motivos fueron pecaminosos, y que tus sentimientos heridos son egoístas. ¡Él ya te ha perdonado de todos tus pecados antes de que siquiera nacieras! Puedes tener completa confianza que incluyendo este pecado. Sabrás que realmente te has arrepentido cuando al confesarlo a Dios salgas sin tener ira hacia la persona que te hirió. Si todavía hay ira pecaminosa, entonces no has estado completamente de acuerdo con Dios acerca de tu pecado. Continúa en oración hasta que tu corazón ya no tenga nada en contra de la otra persona. Si la ira persiste, es posible que debas confesarle tu pecado a la persona o personas involucradas. Obviamente, si pecaste externamente con tu enojo, debes confesárselo a la otra persona y pedirle perdón.


El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. (Proverbios 28:13)


El tercer elemento del cambio de corazón en este asunto de la ira es el arrepentimiento. El arrepentimiento implica un cambio de corazón y mente sobre el pecado con el que estás luchando, pero no es solo un cambio interior. Debe reflejarse en tus palabras y acciones.


Una persona verdaderamente arrepentida, nunca estará completamente sin pecado en esta vida, pero si estará continuamente matando el hábito pecaminoso que la está tratando de matar. Ella es diligente en registrar su corazón y su mente regularmente para ver si el pecado todavía está escondido allí, y si lo está, lo saca a la luz.


Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno. (Salmos 139: 23-24)


4. ¡Hay esperanza!

Si eres una mamá enojona, entonces te has caracterizado por arrebatos de ira y pensamientos pecaminosos de enojo. Tu trabajo ahora es reconocerlo cuando surja; confesarlo a Dios y a cualquier otra persona que haya afectado, y hacerlo morir. La confesión y el arrepentimiento deben volverse tan habituales como lo fue el pecado. Con el tiempo, y por el poder del Espíritu Santo, tú y los demás verán un cambio.


Suzanne Holland es consejera certificada por IABC / ACBC en Kansas City, Missouri. Ella sirve en Reigning Grace Counseling Center como consejera y también como coordinadora del programa de capacitación en línea. Está casada con John, quien administra el lado técnico del Programa en línea. Tienen dos hijos adultos y un nido recientemente vaciado.

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