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Cómo orar cuando estás deprimido


Identificándonos con el salmista

El Salmo 13 es un capítulo especial en mi Biblia. Hay una fecha, 12 de marzo de 2012, escrita al lado del título del capítulo. Ese día me identifique con el salmista y derramé mi corazón a Dios como nunca antes. Habían pasado cinco largos años lidiando con dolor crónico, dos cirugías mayores, una capacidad física limitada, un ministerio limitado y horribles efectos secundarios de varios medicamentos los que me habían traído a este punto. Estaba cansado, deprimido, desgastado y Dios guardaba silencio. Ese día fui "real" con Dios.


Desde entonces, he apuntado otros en medio de sus propios días oscuros hacia este Salmo. ¿Cómo se puede orar deprimido? La depresión a menudo roba nuestra esperanza. La tentación de pensar que no podemos ser honestos con Dios acerca de nuestra situación profundiza esta desesperanza. Perseverar en la oración usando el ejemplo del salmista en el Salmo 13 da un nuevo aliento de esperanza en nuestras vidas.


Ser honesto con Dios:

¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?

¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?

¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma,

Con tristezas en mi corazón cada día?

¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

Salmo 13:1-2


El ministro bautista, Andrew Fuller, dijo una vez de este Salmo, "No es en las pruebas más agudas, sino en las pruebas más largas, que estamos en mayor peligro de desfallecer." A menudo, cuando uno se encuentra en depresión, es el resultado de estar envuelto en circunstancias por un largo periodo de tiempo, sin poder tener una salida a la vista. Durante estos días oscuros hay un intenso deseo de conocer la duración que va a tener el sufrimiento.


¿Te puedes identificar con la desesperación del salmista? Él clama honestamente a Dios. El final no está a la vista y así clama contra la supuesta negligencia del Señor.


Juan Calvino dijo de estos versos: "Cuando estamos mucho tiempo agobiados por calamidades, y cuando no percibimos ninguna señal de ayuda divina, este pensamiento inevitablemente se obliga a sí mismo sobre nosotros, Dios nos ha olvidado. " ¿Por qué ha llegado a esta hipótesis? Porque fue golpeado con la realidad de que la depresión luchaba contra su comprensión de quien es Dios.


Así que, en un acto de fe, se continúa lamentando. Derramando su corazón abierto de par en par ante Dios, el salmista comunica esta batalla por su alma. Las circunstancias dictan que Dios debe de haberse olvidado de él, pero su fe lo condujo a buscar al Señor.


La batalla continúa en el verso dos. Buscando descanso sin éxito, el salmista además también tiene que lidiar con su prójimo. Él ha agotado cada posibilidad de alivio. Esta intrusión del "enemigo" sólo añade a su desesperanza de una manera aplastante. La paz se le escapa. Las personas lo están maltratando.


Cuando el sufrimiento es prolongado y no hay alivio ni respuestas, incluso nuestros amigos más cercanos se frustran con nuestra situación. Algunos le han llamado "compasión fatigada", cuando esta parece pasar factura y hay abundante exhortación ante cualquier cosa con unos "pues ya supéralo" o "arrepiéntete" de algún pecado invisible, olvidado u oculto.


Mis momentos más desalentadores se encontraron con la insistencia de amigos que dijeron que "debía" haber pecado en mi vida. ¡Si hubieran sabido las horas que pasé pidiendo a Dios que me revelara hasta los más oscuros rincones de mi corazón! Estos comentarios me llevaron hasta el borde de la destrucción en mi depresión. Este es el clamor desesperado del salmista en el Salmo 13.


Te animo a hablar honestamente con Dios. Démonos cuenta que este clamor son declaraciones de fe y confianza en lo que Dios dice que es. Entiende que a pesar de que los que nos rodean pueden no ministrarnos bien, también son criaturas finitas que necesitan de la gracia que se ha derramado sobre nosotros. Seamos honestos con Dios.


Moviéndonos hacia Dios:

Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío;

Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte;

Para que no diga mi enemigo: Lo vencí.

Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.

Salmo 13:3-4


En medio de tinieblas, encadenado al tiempo, el salmista comienza a acercarse a Dios en su clamor. Lo hace centrándose en el carácter de Dios. Cuando estamos sin alivio o salida con frecuencia llegamos a pensar que Dios no nos mira ni nos oye. No creemos que Dios sea ciego, sino que en fe estamos clamando a Él porque creemos que Él si nos ve.


A menudo nuestros ojos revelan la depresión. ¡Cuántos días pasaron cuando yo decía que estaba "bien" y mis ojos traicionaron mi discurso! Durante estos tiempos hubo amigos estimados que se moverían a través de esta resistencia verbal para entrar en mi estado dolido que se reflejaba evidentemente en mis ojos. El salmista reconoce que la luz de la vida se refleja en los ojos. Él sigue hablando del hecho que si Dios no actúa pronto a su favor, la muerte misma salga victoriosa.


¡Oh cómo el mundo puede poner en peligro nuestra propia existencia! Recuerda esto: el mundo puede amenazar, pero Dios puede restaurar.


Y así el salmista clama a Dios pidiéndole actuar de tal manera que sus enemigos no tengan razón para triunfar. Él entiende el carácter de Dios, entiende que Dios no abandona a los suyos. Así que, en cierto sentido, él le recuerda a Dios su carácter.


Cuando hablamos honestamente con Dios de nuestros sentimientos en las circunstancias de la vida, también necesitamos estar acercándonos constantemente hacia él. Al hablar en fe podemos "recordarle" a Dios de sus promesas y esperar que actué según su carácter. También es importante ver que el salmista se mueve más allá de tratar de resolver las cosas en su propia fuerza y es ahora totalmente dependiente de Dios. Esta es una etapa clave en la oración durante nuestra depresión.


Confiando en Dios:

Más yo en tu misericordia he confiado;

Mi corazón se alegrará en tu salvación.

Cantaré a Jehová,

Porque me ha hecho bien.

Salmo 13:5-6


El salmista no sabe si su oración es de algún beneficio en absoluto. Sin embargo, él continúa. Ahora la esperanza está empezando a crecer dentro de sí. Él continúa centrándose en el carácter de Dios y esto prueba ser beneficioso en las tentaciones de la depresión. En su profunda angustia el salmista declara su resolución a continuar firme en su dependencia de la gracia de Dios.


Porque Dios es Dios, yo no tengo que serlo. Yo puedo, en medio de mi angustia, confiar en él y que traerá el bien que se ha propuesto con amor para mí.


También hay un sentido de expectativa al final de esta oración. Su corazón se regocijará en la salvación de Dios y le cantará alabanzas a Dios a causa de su amable interacción. Incluso sin las circunstancias adversas, él continuará teniendo esperanza en la salvación de Dios. Él aún no ha obtenido alivio ni salida de la depresión, pero promete a alabar a Dios por su gracia hacia él.


Cuando hablamos sinceramente con Dios, centrándonos tanto en Él como en su carácter, debemos prepararnos para celebrar en alabanza la gracia de Dios en nuestras vidas. El tiempo es un don de Dios. Y creemos que un día que estaremos en presencia de nuestro Dios por siempre lejos de todo dolor, lágrimas y muerte.


El tiempo es un regalo en esta vida porque lo entendemos en términos de principio y final. Experimentamos nuestra depresión en términos de tiempo. Entendemos también la esperanza de un tiempo aún por venir. Si esta vida es "como un vapor", ¿cuánto durará nuestro sufrimiento? Incluso en medio de la angustia, hay que prepararnos para cantar alabanzas por la bondad de Dios en nuestras vidas.


Esta es la última pregunta que he escrito en mi Biblia, " ¿Estoy convencido de que mis oraciones son efectivas? Dios se mueve a través de la oración contestada. Cuando los que estamos en depresión oramos sinceramente, centrados en el carácter de Dios, preparándonos para celebrar en alabanza la gracia de Dios, podemos estar seguros de que Dios nos oye y se acerca a nosotros y ha de inclinar su oído hacia sus hijos.


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¿Sufres de depresión? Tómate el tiempo de escribir una oración a Dios con los tres puntos señalados anteriormente como guía.


ESCRITO POR: MARK KELLY | TRADUCIDO POR: PRISCILA ACUÑA

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