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5 razones por las que las Escritura nos exhorta a renovar nuestra mente


Filipenses 4:8 es uno de los versos más comunes, usados en la consejería Bíblica. De manera concisa, provee una rejilla por medio de la cual nuestros pensamientos deben ser examinados. La exhortación apostólica es clara y directa.


“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro,Todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad.”


En esta rejilla compacta, el apóstol nos manda a establecer nuestras mentes en cualidades positivas semejantes a Cristo mediante el uso de palabras que eran populares en la filosofía moral. Al hacerlo, él demuestra que el pensamiento del creyente en Cristo ahora debe ser diferente de lo que era antes de la conversión. Las cualidades aquí mencionadas forman un patrón comprensible y cristiano en el cual establecer nuestras mentes, lo que como resultado moldea el patrón de nuestra vida, es por eso que él continúa este mandamiento con otro, “en esto meditad.”


De acuerdo al Salmo 19:14, no hay una guía más confiable para juzgar los pensamientos de nuestro corazón que las escrituras (el estándar objetivo de la verdad). Al concluir David la exaltación de la escritura como la verdadera revelación de Dios, David Oró: “Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío.”


Por lo tanto, las escrituras por sí solas proveen la guía segura a las cualidades que forman la mente cristiana. Sin embargo, tan importante como todo esto, ese no es mi enfoque primario en esta corta publicación.


De Filipenses 4:8, nosotros sabemos muy bien el qué del pensamiento piadoso, pero a menudo fallamos en considerar el por qué detrás de la atención que debemos prestar para desarrollar una mente verdaderamente cristiana. ¿Por qué es importante la manera en cómo pensamos? Mientras hagamos bien, o nuestros discípulos hagan lo mejor para parar de hacer el mal y comiencen a hacer el bien, ¿realmente le importa a Dios como pensamos? ¿Por qué es esto tan importante? Piense por un momento acerca de cinco razones en las que nuestro pensamiento le importa a Dios.


1. Previo a nuestro nuevo nacimiento, nuestro pensamiento era vano y nuestro entendimiento entenebrecido (Ef. 4:17-18).Cuando estábamos bajo el dominio del mundo, la carne, y el diablo, nuestro pensamiento era vano. No tenía propósito desde la perspectiva de Dios. Incluso si, en nuestro estado depravado estábamos buscando una forma de piedad, ignorábamos la verdadera piedad porque nuestro entendimiento era cautivo a la oscuridad y a su príncipe. Nosotros no poseíamos la luz de la vida y la piedad y no podíamos sin una intervención sobrenatural. Pero algo cambió.


2. En el nuevo nacimiento, recibimos el Espíritu Santo que conoce la mente de Dios (1 Cor. 2:11).Esta es realmente una verdad maravillosa y espectacular en la cual meditar. Entre los seres humanos solamente su espíritu sabe lo que usted está pensando (hasta que usted decida revelarlo por sus palabras o acciones). De igual manera, sólo el Espíritu Santo conoce completamente los pensamientos de Dios. Ese mismo Espíritu habita en cada uno de nosotros los creyentes en Cristo, y uno de sus papeles es enseñarnos y guiarnos a la verdad (Juan 16:13).


3. Conociendo la mente de Dios—porque él es Dios—El Espíritu Santo ha revelado la mente de Dios en las escrituras y, por lo tanto, nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Cor. 2:12-16).Conociendo los pensamientos de Dios, el Espíritu nos ha revelado en su Palabra (es decir las escrituras), y es a través de su ministerio iluminador que podemos comprender la verdad divina. Nosotros que conocemos a Cristo, tenemos lo que necesitamos saber para pensar de acuerdo a los estándares de Dios. Porque el Autor Divino de la Escritura ahora vive en nosotros, ahora tenemos la habilidad de conocer la mente de Cristo que es revelada en las escrituras. De manera corta, la Biblia es la mente de Dios en forma escrita.


4. Como nuevas criaturas, somos llamados ahora a dejar nuestra viejo yo, incluyendo la manera vieja de pensar, y ser renovados en el espíritu de nuestras mentes (Efe. 4:22-23).La santificación no es meramente–ni siquiera principalmente –acerca del comportamiento exterior, sino en cambiar nuestros patrones de pensamiento para igualarlos con la palabra de Dios. A medida que el Espíritu Santo – a través de Su Palabra – renueva los pensamientos de nuestra mente y cambia el deseo de nuestros corazones, progresivamente nos volvemos como Cristo en el diario caminar de la vida. somos llamados a diligentemente dejar lo viejo y revestirnos de lo nuevo mientras, que al mismo tiempo, es Dios quien trabaja en nosotros “el querer como el hacer para su beneplácito” (Fil. 2:13).


5. A medida que renovamos nuestra mente con la Palabra de Dios, nuestra vida es transformada, lo que resulta en el cumplimiento de la voluntad de Dios (Rom. 12:1-2).La transformación de la vida y el cambio de corazón no puede tomar lugar sin la renovación de nuestra mente. Esa es una verdad fundamental de la Consejería Bíblica. Y nuestra mente nunca va a ser renovada a la piedad si no estamos continuamente exponiéndola al lavamiento de la Palabra. Por lo tanto, tengamos cuidado de intencionalmente aconsejar a otros con la Palabra y crear tareas prácticas de aplicación que los van a guiar a sus riquezas. Llevémoslos al pan de la vida, Jesucristo, al disciplinarlos a alimentarse regularmente de cada palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4).


Como criaturas nuevas en Cristo tenemos todos los recursos divinos a nuestra disposición para poder desarrollar una mente verdaderamente cristiana. Y, como consejeros bíblicos, debemos por siempre estar comprometidos a la supremacía de Cristo quien nos es revelado en la suficiente Palabra.


Sometamos continuamente nuestras mentes a la autoridad de las escrituras para que nuestras mentes sean continuamente renovadas. Entonces y sólo entonces, vamos a poder llevar a otros a hacer lo mismo.

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