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Un padre amoroso disciplina a los que ama


“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. (Hebreos 12:5-6 RV60)


Este pensamiento es tan dramáticamente contrario al pensamiento occidental del siglo XXI que parece absurdo. En nuestro contexto postmoderno, queremos pensar en el amor solo en términos de condescendencia, aceptación y afirmación. A ese “amor” que no disciplina se le dice “si”. Incluso cuando entendemos correctamente que la palabra disciplina que aquí se usa es entrenamiento más que castigo, lo cual nos parece un concepto extraño. Sin embargo cuando nuestros pensamientos están en conflicto con los de Dios ¡No es Él quien está equivocado!


Renovando nuestras mentes.

El contexto de estas palabras en Hebreos 12 nos ayuda a entender que no solo tienen sentido, sino que comunican una profunda sabiduría. Ellas están precedidas por una advertencia para mirar a Jesús, quien es el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2). Como nuestro ejemplo, Él soportó sufrimientos devastadores cuando Dios le enseñó la obediencia (Hebreos 5:7-8) para que de esta manera pudiéramos tener un Sumo Sacerdote que pueda compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Pero Él fue más que un ejemplo; Él fue nuestro sustituto. El sufrimiento que Él humildemente aceptó fue nuestro sufrimiento para soportar y lograr el mayor intercambio de todos los tiempos. Se hizo pobre por nosotros para que por su pobreza fuésemos enriquecidos (2 Corintios 8:9). La buena noticia de la cruz es que ahora podemos recurrir a Él en busca del poder permanente para también elegir la sumisión humilde a los propósitos soberanos de Dios.

Los siguientes versículos nos dan una idea de cuáles son esos propósitos. Nuestro Santo Dios nos está ofreciendo la oportunidad de participar en su santidad (Hebreos 12:10). Permita que estas palabras se profundicen. Léalas de nuevo. Medite en ellas. Él nos ofrece el regalo de Su santidad, pero nos dice que los medios para lograr este fin son las dificultades que Él ha decretado para este propósito. Nos conoce bien. La comodidad produce toda obra humana; la incomodidad nos obliga a buscar más allá de nosotros mismos significado (propósito) y recursos – Buscarlo a Él- Y cuando lo hacemos, lo encontramos y Él obra su hermosa santidad en nuestras vidas rotas. ¡Es un milagro de proporciones sin precedentes!


Cuando nuestras mentes son renovadas

Entender esto es importante porque cuando aprendamos a ver la disciplina de Dios con nuevos ojos, responderemos de manera diferente. Ya no seremos susceptibles a las mentiras que Satanás querría que creyéramos como “Dios no ve tu sufrimiento” o “a Él no le importa” o “Estás recibiendo lo que mereces”. Cuando le creemos a nuestro enemigo, caemos en desesperanza, autocompasión y desesperación. Pero cuando abrazamos la verdad que todo nuestro sufrimiento tiene un propósito, podemos empezar a mirar a Dios en fe humilde con esperanza que esto produce en nosotros un eterno peso de gloria que no puede compararse con nada (2 Corintios 4:17). A esto es lo que se refiere cuando Pablo habla acerca de las cosas “invisibles y eternas” a las que debemos mirar.


¿Cómo llegamos de aquí a allá?

Lo que marca la diferencia del corazón entre nuestras respuestas a la disciplina de Dios es la fe, esto nos regresa al contexto. El capítulo que precede a esta instrucción se conoce comúnmente como el de “Los héroes de la fe”. Aquí nos encontramos con personas reales que enfrentaron pruebas de varios tipos las cuales Dios usó para disciplinarlos. Noé fue instruido para construir una barca en un mundo donde aún no llovía, Sara sufrió décadas de esterilidad para su profunda desgracia, a Abraham se le pidió sacrificar a su hijo prometido sobre un altar, y muchas más historias como estas. Al estudiar las vida de estos personajes del Antiguo Testamento podemos ser animados por la cruda verdad que ninguno de ellos tuvo una fe perfecta – a lo largo de sus vidas cada uno de ellos necesitó esas y otras dificultades para crecer en la fe por la que fueron elogiados. Aunque sus pruebas son dramáticamente diferentes, el hilo común es un Dios paternal que trabaja para ayudarlos a conocerlo con una intimidad cada vez mayor y así participar de Su santidad.


Cuando consideramos las verdades de Hebreos 11 y 12 juntas, podemos estar seguros de que:


1. Si somos verdaderamente hijos de Dios, enfrentaremos una desagradable e incluso dolorosa disciplina que vendrá a nosotros en forma de diversas pruebas.

2. Al igual que los héroes de la fe de antaño, a veces fallaremos en confiar en Dios.

3. Esos fracasos no sorprenderán o decepcionaran a Dios. Él continuará disciplinándonos a fin de crecer en fe en Él.

4. Si estamos dispuestos a ser entrenados por su disciplina, dará el fruto pacífico de justicia en nuestras vidas y participaremos de la santidad de Dios.


Preguntas para la reflexión

¿Tiende a pensar en las dificultades como bendiciones o maldiciones? Cuando vienen las pruebas, ¿estás inclinado a dudar del amor de Dios por ti? ¿Cómo puedes acercarte a Dios en lugar de alejarte de Él en una dificultad que estás enfrentando ahora mismo?


Betty-Anne Van Rees (MABC) es motivada por su pasión por ver a la iglesia canadiense convencida y equipada para cuidar a las almas a través de la Palabra viviente (encarnada e inspirada). Betty-Anne forma parte de la junta de la BCC y ha trabajado junto con un equipo de hombres y mujeres de ideas afines para lanzar el BCC canadiense.


TRADUCIDO POR: Gryndi Evia Martínez

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