¿Cómo Navegar el Conflicto con Familia No Creyente?
- CCB

- hace 4 días
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Cuando confrontamos a nuestra familia, o a cualquier persona, debemos hablar la verdad en amor.

En el libro de Colosenses, Pablo habla de dos grupos de incrédulos. El primer grupo, en el capítulo 2, consiste en incrédulos que buscan imponer sus filosofías y tradiciones mundanas a los cristianos en Colosas (Colosenses 2:8). Insisten en que los colosenses adopten formas de adoración y de vida que no coinciden con el evangelio que una vez les fue enseñado (Colosenses 1:5-6; 2:18; 4:12). Cuando los cristianos en Colosas se rehúsan a ceder a esta cosmovisión no bíblica, este primer grupo de incrédulos los declara “descalificados” (Colosenses 2:18).
El segundo grupo, en el capítulo 4, se conoce como “los de afuera”. Pablo no acusa a estos forasteros de imponer sus caminos pecaminosos a la iglesia como el primer grupo de incrédulos, sino que simplemente señala su necesidad de salvación y su deseo de que escuchen el evangelio (Colosenses 4:2-6). Naturalmente, surge conflicto cuando los creyentes se encuentran intentando existir en una relación amorosa con familiares extendidos que son “de afuera”, miembros del segundo grupo.
Sin embargo, tiende a haber un rumor cáustico y tumultuoso cuando los creyentes intentan mantenerse firmes contra familiares que encajan en el primer grupo de incrédulos—personas no creyentes que exigen tu participación en sus costumbres mundanas. No pretendo resolver la totalidad de este problema, pero espero proporcionar guía bíblica para esos momentos en los que te encuentres esforzándote por glorificar a Dios sin romper por completo la relación con un ser querido no creyente. Nos basaremos en la carta de Pablo a “los santos y fieles hermanos” (Colosenses 1:2) en Colosas para ayudarnos a “andar como es digno del Señor” (Colosenses 1:10) nos enfrentemos a conflictos con nuestros familiares no creyentes.
Reflexionar bíblicamente sobre la familia no creyente
Al abordar el tema, debemos reconocer dos verdades bíblicas útiles.
En primer lugar, no debemos esperar que las personas no creyentes piensen y se comporten como cristianos (1 Corintios 2:14).Esta verdad, aplicada a la vida real, conlleva conflictos, ya que vivimos en un mundo repleto de no creyentes. Probablemente habrá momentos en que tus acciones agraden a Dios y enfurezcan o dejen estupefactos a los familiares no creyentes. Esta probabilidad no implica que debamos buscar ofender a los familiares a la ligera, sino que simplemente reconoce que el conflicto surge de la contradicción entre la voluntad de Dios y la voluntad del mundo.
La segunda verdad se encuentra en Mateo 10:34-39, donde dice: “No piensen que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa.” Aquí vemos que Jesús enseña que, si bien el evangelio trae paz entre Dios y el hombre, también trae la necesaria división entre quienes le siguen y quienes no.
Vernos a nosotros mismos a la luz del evangelio
La mayor parte de Colosenses 1–2 recuerda a los santos quiénes son en Cristo: redimidos (Colosenses 1:14). Pablo les recuerda que han sido perdonados por Dios mediante la anulación misericordiosa de su deuda de pecado, que fue clavada en la cruz (Colosenses 2:13-14). Esta verdad les enseña a los creyentes que nadie —ni siquiera los familiares que nos consideran indignos porque no cedemos a sus imposiciones no bíblicas— tiene la autoridad para declarar a una persona "no apta" una vez que Dios, en Cristo, la ha declarado "apta" (Colosenses 1:12; 2:10,18).
Por lo tanto, si te mantienes firme y estableces tus límites en una disputa familiar y luego escuchas cuán injusto, falto de amor y poco cristiano eres, recuerda que los paganos no tienen la autoridad, ni la capacidad, para determinar cómo es una vida "plenamente agradable" a Dios (Colosenses 1:10; 2:10; 1 Corintios 2:14). En momentos de conflicto con personas ajenas a la fe, recuérdate a ti mismo el evangelio y sus exigencias respecto a tu conducta y tus palabras, y nunca vaciles en tu fe (Colosenses 1:23; 3:1-17, 23-24).
Ver a Tu Familia Perdida a la Luz del Evangelio
En el contexto de Colosenses 4:2-6, Pablo pide a los santos en Colosas que oren por él para que tenga una “puerta abierta para la palabra” de modo que pueda comunicar el evangelio a los no creyentes (Colosenses 4:2-4).A continuación, Pablo da inmediatamente instrucciones a los colosenses sobre cómo deben comportarse entre los no creyentes. Sus enseñanzas acerca de cómo tratar a “los de afuera” en los versículos 5-6 brotan del celo de Pablo por que las personas perdidas escuchen el Evangelio, tal y como se ve en los versículos 2-4. Por lo tanto, el primer consejo que debemos tener en cuenta cuando estemos en conflicto con “los de afuera”, incluso cuando se trate de familiares, es mantener el enfoque en el Evangelio.
Recuerda en momentos de conflicto que tus familiares perdidos forman parte de tu campo misionero (Colosenses 4:2-4). Debemos ser celosos y orar por su salvación. Si te calumnian o juzgan tus peticiones como “no cristianas”, ten ánimo y recuerda que no debemos esperar que las personas perdidas piensen y se comporten como cristianos (1 Corintios 2:14). Así que, ahora que tenemos un enfoque en el evangelio, ¿Cómo navegamos tiempos de conflicto necesario? Obedeciendo Colosenses 4:5-6.
Camina en Sabiduría
La palabra «sabiduría» aparece seis veces en la carta a los Colosenses. Pablo enseña que la sabiduría proviene del Señor y debe ser enseñada al pueblo del Señor (Colosenses 1:9-10, 28; 2:3), lo que implica que, si se puede enseñar sabiduría, también se puede aprender. Pablo explica que el objetivo de poseer sabiduría es la madurez, diciendo: “A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos y enseñando a todos con toda sabiduría, a fin de presentar a todos perfectos en Cristo” (Colosenses 1:28).
El término que describe el proceso bíblico mediante el cual los creyentes pasan de “inmaduros” a “maduros en Cristo” es santificación. Por lo tanto, cuando surjan preocupaciones por la santidad personal, preguntarse: “¿Mi asistencia y participación promoverán la santificación?” te ayudará a tomar una decisión sabia que honre a Dios.
Palabras con Gracia, Sazonadas con Sal
Al establecer límites con familiares no creyentes, debemos hacerlo con amabilidad, lo que significa que nuestras palabras deben seguir el modelo que Pablo presenta en Colosenses 3:8-10. Él enseña a apartar "la ira, el enojo, la malicia, la calumnia, las palabras obscenas de vuestra boca" y la mentira. Cuando nos enfrentamos a nuestra familia, o a cualquier persona, debemos decir la verdad con amor y en oración (Efesios 4:15). Hablar con amabilidad también significa hablar con claridad (Colosenses 4:4).
Ya sea al comunicar el contenido del mensaje del Evangelio o nuestros límites destinados a promover la santificación, debemos exponer con claridad el problema, la postura de Dios al respecto, la solución de Dios al problema y, si procede, expresar amablemente nuestra convicción.
Conclusión
A veces, cuando establecemos los límites necesarios entre nosotros y un miembro de la familia, el conflicto, la tensión y la incomodidad persisten mucho más tiempo de lo que deseamos. En estos momentos, es posible que encuentres tu determinación en las palabras de Miqueas, el profeta a quien Jesús citó en Mateo 10 cuando nuestro Señor declaró la naturaleza divisiva del evangelio dentro de las familias.
Miqueas escribe: “Los enemigos del hombre son los de su propia casa. Pero yo miraré al Señor; esperaré en el Dios de mi salvación; mi Dios me oirá” (Miqueas 7:6-7).
Acerca del Autor

John Fry es un consejero certificado por la ACBC y ejerce de editor general del blog Reformed & Confessional. Vive en Santa Rita, Guam, con su esposa y sus dos hijos.
Traducción de: Natalia Guerrero



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