¿Vale la pena invertir en aconsejados que se estancan y tardan en cambiar?
- CCB

- 20 mar
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Hay sabiduría en caminar correctamente con el aconsejado inconsistente y persistente.

Quizás te hayas vuelto un experto y ya no tengas este tipo de aconsejados. Tal vez tuviste algunos en el camino y te rendiste con ellos. O quizá tuviste uno o dos y los catalogaste como individuos irresponsables que no valían tu tiempo, esperando en silencio no tener otro igual. Si has estado aconsejando por algún tiempo, probablemente un nombre ya pasó por tu mente. Pero no veamos estas experiencias como fracasos, sino como oportunidades para crecer. Tal vez te has hecho una o varias preguntas al reflexionar sobre el porqué. Al menos tres preguntas vienen a la mente. ¿Te identificas con alguna de ellas?
La primera pregunta que viene a la mente es algo como esto: ¿Por qué el aconsejado no se mantiene en el camino ni hace el esfuerzo necesario para cambiar? La segunda puede estar relacionada contigo: ¿En qué fallé yo? Esta autorreflexión no es señal de fracaso, sino una herramienta poderosa para nuestro ministerio de consejería, de modo que podamos mejorar y adaptar constantemente nuestro enfoque a cada aconsejado. No se trata de culparnos, sino de aprender de nuestra experiencia. La tercera pregunta que venía a mi mente con tales aconsejados era esta: ¿Por qué el aconsejado sigue viniendo a mi pozo cuando no comprende la ayuda ofrecida ni experimenta el crecimiento necesario para enfrentar los problemas de la vida usando sus recursos espirituales? Tu pregunta puede ser de otro tipo, pero probablemente te identifiques con una o más de las mencionadas.
¿Qué pudo haber salido mal?
Piensa en este escrito en términos de las Fuerzas Especiales, como una Revisión Posterior a la Acción (AAR) destinada a aprender tanto del éxito como del fracaso.
Primero, puede que no hayas usado todas tus herramientas de escucha (a menudo les digo a mis estudiantes que el Sr. Pregunta es su mejor amigo). Segundo, fallaste en llegar al problema del corazón. Tus esfuerzos se invirtieron en los síntomas. El problema del corazón es crucial. Enfocarse en un síntoma puede parecer un éxito temporal, pero generará otro problema en su lugar. Tercero, puede que hayas enseñado a tu aconsejado a reformarse, en lugar de ayudarlo a cooperar con el Espíritu para ser transformado. Estas son oportunidades para desarrollar sabiduría y mejorar nuestras habilidades y metodologías de consejería.
El aconsejado puede no haber sido honesto contigo. Puede haber sido adoctrinado por terapias previas, filosofías del mundo y una cosmovisión secular. Tal vez era bueno haciendo las tareas como un ejercicio académico. Puede haber tenido una raíz de amargura bien escondida. Quizá tenía conocimiento intelectual de la Biblia y un vocabulario bíblico sin comprensión, filtrando los pasajes leídos en la sesión y generando más confusión. O puede que no fuera un creyente genuino, con un corazón y una mente regenerados.
Hiciste la revisión (AAR), ¿y ahora qué?
Guardas el expediente en el archivo y agregas a ese aconsejado a tu lista de oración periódica de aquellos que terminaron la consejería de manera insatisfactoria. Varios meses o un año después, vuelve a aparecer en tu calendario. Te preguntas: “¿Por qué ha vuelto a mi agenda?” y rápidamente te arrepientes de tal escepticismo.
El siguiente paso es sacar el archivo y revisar tu AAR. Ahora anota en viñetas tus posibles fallas en ocasiones anteriores. Luego, reserva una hora libre para revisar cuidadosamente su caso y tus notas desde el principio hasta el final, considerando tus puntos de la AAR. Antes de comenzar este proceso, ora, pidiendo al Espíritu que te dé ojos para ver lo que necesitas ver. Busca consejo en otro consejero con experiencia. Termina el tiempo escribiendo un plan para la próxima sesión, aunque debes estar dispuesto a ajustarlo dependiendo de lo que el aconsejado presente y de la nueva información que surja.
Durante esa siguiente sesión, decide informar al aconsejado parte de tu proceso de preparación, como un elemento que infunde esperanza. Mientras escuchas atentamente, incluyendo preguntas y repreguntas, también debes informarle sobre las debilidades que has notado en él durante la consejería previa. Finalmente, lograr un nuevo compromiso claro y razonable con el proceso de consejería y sus diversos componentes será de gran provecho.
Estudio de caso
El siguiente caso proviene de mis archivos. Está completamente neutralizado de todo elemento identificable, incluyendo lugar y tiempo. Los nombres son seudónimos.
Estudio de caso de Sam
En nuestra primera reunión, Sam era un hombre soltero de 46 años. Presentó su intención de participar en consejería prematrimonial, así que procedí con mi proceso normal de consejería prematrimonial (Eyrich, Howard. Three to Get Ready: A Premarital Counseling Manual, Bemidji, MN: Focus Publishing, 1997). Según recuerdo, completamos las primeras cuatro o cinco sesiones y todas las tareas indicadas en el programa. Se hizo evidente que la relación estaba llena de dificultades y que requerían consejería previa a la prematrimonial si querían continuar. Terminaron tanto la consejería como la relación. La mujer se casó felizmente dentro de los dos años siguientes, y mi aconsejado permaneció soltero. Aproximadamente seis meses después de la terminación, volvió a aparecer en mi calendario con el deseo de reflexionar sobre lo sucedido. Lamentablemente, mantuvo la conversación en la superficie, y tras varias sesiones con tareas incompletas, dejó de asistir.
Este patrón continuó durante los siguientes ocho años aproximadamente. Sin embargo, en cada ocasión esporádica fui recopilando fragmentos de información que comenzaron a revelar problemas del corazón. El mayor de ellos era una combinación de amargura y culpa. La amargura era hacia su padre por haber maltratado a su madre. La culpa provenía de un accidente trágico por el cual se culpaba erróneamente a sí mismo, relacionando la muerte de su padre con el incidente. Durante el siguiente año o dos, trabajamos cuidadosamente en esto. Trajimos la verdad del evangelio sobre la amargura, siguiendo la exhortación de Efesios 4:31-32:
“Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo.”
Después abordamos la falsa culpa derivada de su conclusión equivocada.
Durante ese tiempo, comenzó a salir con una viuda. Pasamos por consejería prematrimonial y se casaron. Con un poco de consejería postmatrimonial, se convirtieron en una pareja piadosa, practicando disciplinas espirituales, sirviendo juntos y disfrutando la vida. Su nube gris perpetua fue reemplazada por un resplandor. Aproximadamente dos años después, pidieron una cita. Sus primeras palabras fueron: “No estamos en crisis, pero tenemos una pequeña grieta y queremos un poco de ayuda para que no se agrande”. Mi primera respuesta fue felicitarlos por su sabiduría y asegurarles que, a
veces, todos necesitamos la perspectiva de un tercero, y buscarla a tiempo es prudente.
Conclusión
Cuando el Señor trae a tu vida a estos aconsejados estancados y persistentes, la paciencia, la compasión y el amor genuino son esenciales. Son ovejas perdidas. Por así decirlo, debemos ponerlas sobre nuestros hombros y llevarlas de vuelta al redil. Hubo varios discípulos con los que Jesús modeló esto, siendo Pedro el ejemplo principal.
Aplicación
No puedes pensar en términos de tiempo ni de exigencia con estas personas. Aquí es donde debes mirar al Señor para que compense de alguna manera mientras cumples tus muchas otras responsabilidades. A veces, un consejero en entrenamiento puede ayudarte en el proceso. Tengo un caso similar actualmente en el que un joven pastor que he mentoreado ha sido de gran ayuda.
El caso mencionado me trae gran gozo y ha ensanchado mi corazón con gratitud por la gracia de Dios, al haber perseverado con ellos mientras Él hacía Su obra en sus vidas a través de nuestra relación de consejería. Que el Señor nos conceda gracia para ser fieles, pacientes, compasivos y amorosos con nuestros aconsejados, así como el Señor nos ha amado a nosotros.
Acerca del Autor

Howard Eyrich es Pastor Retirado de Consejería en Briarwood Presbyterian Church. Actualmente sirve como Director del DMin en Consejería Bíblica en Birmingham Theological Seminary y como profesor en Masters University of Divinity. Es miembro de ACBC y Fellow de la Academia ACBC.
Traducción de: Natalia Guerrero



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