Descubre el carácter de Dios
- CCB

- 17 abr
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Actualizado: 21 abr
Estudiemos diligentemente el carácter de Dios. Para que podamos reflejarlo más, y animar a otros a hacer lo mismo.

La importancia de la exégesis bíblica en la consejería
El estudio diligente de la Biblia es esencial para la práctica de la consejería bíblica. Esta afirmación no debería ser novedosa ni especialmente reveladora para los consejeros bíblicos. Amamos la Biblia y creemos que es necesaria para la tarea del cuidado del alma, pero a menudo nos acercamos a la Biblia como si fuera simplemente un manual de remedios. No me malinterpretes, la Escritura está llena de remedios para nuestro estado caído, especialmente nuestro remedio supremo en Jesucristo, quien es nuestra redención completa. Sin embargo, la Biblia no está destinada a ser utilizada como un motor de búsqueda en línea como Google.
Cuando encontramos un problema en la sala de consejería, nuestra tendencia es actuar como los consejeros de Job y buscar remediar el problema con prisa. Buscar un remedio no siempre es un mal enfoque, ya que la consejería tiene como objetivo ayudar a las personas a superar sus problemas, ¿verdad? Sin embargo, existe un peligro en nuestra exégesis de la Escritura si comenzamos con los datos recopilados simplemente buscando un remedio.
Nuestra visión predeterminada de los problemas del aconsejado puede distorsionar nuestra interpretación bíblica. En lugar de permitir que el Espíritu ministre a través de la Palabra de Dios, nuestra exégesis se vuelve impulsada por nuestra interpretación del problema. Queremos entender los problemas del aconsejado a través del lente de la Escritura en lugar de interpretar el texto bíblico a través de los problemas del aconsejado.
Por ejemplo, los consejeros de Job intentaron proporcionar un remedio para su situación sin conocer la causa de sus sufrimientos. Elifaz cuestionó la inocencia de Job diciendo que no temía al Señor. Bildad cuestionó el arrepentimiento de Job y le recordó que Dios castiga a los malvados. Zofar también reiteró el sufrimiento de los malvados. Job se desanimó y cuestionó la cercanía de Dios. No es que los consejeros de Job dijeran cosas que normalmente no fueran ciertas, el problema es que buscaron un remedio antes de entender la causa (Job 4–25). Job quedó sin consuelo por parte de sus consejeros y aún buscando a Dios en su situación.
La Biblia da contexto a la quebrantadura del hombre
No solo debemos estudiar la Escritura en busca de remedios, sino que también necesitamos entender el contexto en el que se dan esos remedios. Para comprender la quebrantadura del hombre debemos estudiar la Escritura.
A menudo nos confundimos sobre cómo categorizar los problemas del hombre. Culturalmente, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales es una herramienta utilizada por los psicólogos para categorizar los problemas humanos. En nuestro contexto, es común ver cualquier indicio de depresión o desesperación como una molestia. Pensamos de esta manera, en parte, porque tenemos una visión distorsionada de la felicidad como un derecho del hombre o una necesidad para la “salud mental”. Así que cuando encontramos síntomas de depresión, acudimos a la Escritura buscando un remedio. Alabado sea el Señor, hay abundante remedio para un alma abatida. Sin embargo, debemos tener cuidado de que la búsqueda de remedio en la Escritura sea coherente con la causa, de lo contrario usaremos mal la Escritura como los consejeros de Job.
El estudio cuidadoso de la Escritura también debe ser el fundamento sobre el cual escuchamos e interpretamos los síntomas del aconsejado para que busquemos remedios apropiados. Debemos profundizar en la Escritura para entender las causas de los problemas humanos tal como Dios las revela.
La Biblia presenta una narrativa que proporciona un contexto para toda la quebrantadura del hombre. Hay patrones consistentes de quebrantadura a lo largo de la Escritura que ofrecen explicaciones para vidas desordenadas (Santiago 1:8). El desorden es causado tanto por el pecado como por el sufrimiento debido a la maldición. Nuestra exégesis de la Escritura debe considerar la explicación de Dios sobre las causas de la quebrantadura para estar seguros de nuestras conclusiones sobre los remedios bíblicos. Debemos ser advertidos en este punto de que el contexto de la quebrantadura humana está incompleto si no entendemos cuál debería ser un patrón normal del funcionamiento humano. Los sistemas de consejería del mundo luchan por definir lo normal, pero, como cristianos, tenemos un estándar de lo normal en el cual podemos anclarnos para dar el contexto adecuado a nuestra quebrantadura y a la búsqueda de restauración.
Cristo es nuestra normalidad
¿Qué hace que Jesús sea normal? Jesús es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15). Él refleja la gloria del Padre. La función normal de la humanidad creada es reflejar la gloria de Dios. Somos portadores de la imagen, y vivir una vida normal, siendo creados a imagen de Dios, es reflejar el carácter y la naturaleza de Dios. El objetivo de la santificación progresiva es ser conformados a la imagen de Cristo (Romanos 8:29 y Colosenses 1:28). La santificación progresiva comienza con Cristo, la Palabra viva, como el medio por el cual medimos nuestra quebrantadura.
En segundo lugar, estudiamos la Escritura, la Palabra escrita, para entender el carácter de Dios. Por eso todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se encuentran en Cristo. El hombre solo se ve a sí mismo en un espejo roto cuando mide su quebrantadura según el contexto del mundo. Elevar el carácter de Dios como un espejo revela los corazones de los hombres en el contexto correcto. Esto proporciona significado a la quebrantadura y un remedio adecuado para las deficiencias humanas. Las deficiencias humanas no son externas, sino una quebrantadura interna que impide la expresión del carácter de Dios al mundo.
Como Job demostró, el carácter de Dios no siempre se muestra en tiempos felices o por medio de circunstancias favorables. El carácter de Dios puede manifestarse a pesar de las circunstancias, según Jesús. Él dijo: «Estas cosas les he hablado para que en Mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, Yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).
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Por eso nuestra consejería debe comenzar y terminar con nuestro Señor. Nuestra exégesis de la Escritura debe comenzar entendiendo el carácter de Dios, porque el diseño creado de la humanidad exige que reflejemos la imagen de Dios. Cualquier ruptura en ese reflejo indica que hay desorden en nuestro hombre interior. El desorden es con mayor frecuencia pecado, pero también puede ser una visión incorrecta de nuestro sufrimiento. Esto crea un terreno fértil para el pecado y obstaculiza la correcta manifestación del carácter de Dios.
Al menos un error de los consejeros de Job fue comenzar con el contexto de la quebrantadura humana para buscar un remedio. Más bien, debieron comenzar con el carácter de Dios para dar contexto y significado al siervo sufriente a fin de proporcionar un remedio suficiente para sus problemas. Vemos con mayor claridad el carácter de Dios manifestado en Cristo Jesús (Hebreos 1:1–5) y en Su Palabra (Éxodo 20:3–21).
Como consejeros debemos ser diligentes en nuestro estudio de la Escritura, no solo en busca de remedios y causas, sino del carácter de Dios. Por eso nos esforzamos en hacer a otros completos en Cristo, porque reflejar la gloria de Dios es vivir conforme al diseño de nuestro Creador.
Acerca del Autor

Dale Johnson sirve como Director Ejecutivo de la Asociación de Consejeros Bíblicos Certificados. También es el anfitrión habitual del pódcast Truth in Love de ACBC.
Traducción de: Rosa Sara



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