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El Regalo de las Lágrimas


Una mujer que perdió a su esposo recientemente compartió de una difícil noche en particular de desesperación y desesperanza. Era una noche de desesperante soledad. Esa misma noche sucedió que alguien la llamó y ella compartió su profundo dolor. A medida que la persona escuchaba, ellas concluyeron de que esta persona debía ver a un consejero. A medida que ella compartió su historia conmigo, yo pensaba si en realidad ella necesitaba un consejero.


¿Quizás no todos necesitan un consejero?

Los primeros cuatro poemas en Lamentaciones son poemas alfabéticos, creando un sentido de orden en el sufrimiento. Sin embargo, cuando uno lee los poemas, no son nada ordenados. Como la vida, tanto como nosotros tratamos de poner orden pero por dentro estamos quebrantados.


Lamentaciones 2 hace la pregunta “¿qué podre hacer para amonestarte?" y “¿quién te podrá sanar?” (Lam. 2:13-14, 17). En otras palabras, “¿qué puedo decir para traer consuelo?”


Después de explicar la razón para el sufrimiento de Judá (en parte ellos han rechazado la Palabra de Dios), la respuesta de Jeremías es llorar: Levántate, da voces en la noche al comenzar las vigilias; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor” (Lam. 2:19). Entonces Jeremías clamó y lloró.


Jeremías no necesitaba un consejero sino más bien necesitaba llorar delante de la presencia de Dios.


Lágrimas para hoy

Muchos de nosotros quizás nos preguntemos qué hacer con las lágrimas. Aconsejamos, predicamos o vamos a tomar café con alguien para evitar que lloren, la consejería exitosa es donde las lágrimas terminan, ¿verdad?


Entonces pensamos que la viuda que llora necesita un consejero. Después de todo, ¿no es Dios el Dios de toda consolación? ¿No que el consuelo de Dios fluye en nuestras vidas? ¿Debería nuestra consejería poner fin a las lágrimas?


Por otro lado, ¿puede ser verdad que nosotros podamos ahogar el trabajo consolador de Dios con nuestro instinto de construir un pozo para las lágrimas de los demás? ¿Pueden las lágrimas de hoy delante de un Padre fiel y consolador ser necesarias para nuestra sanidad?


Lágrimas delante del Padre

Jeremías anima las lágrimas delante de la presencia del Señor. Hay una tremenda sabiduría en ese consejo. Como niño, cuando te raspabas una rodilla o te golpeabas la cabeza, ¿no era tu primera reacción el correr a tu padre o madre y llorar? Tú quizás no fuiste a él y le explicaste tu condición médica. Llorando, recibiste la presencia consoladora de tu padre y luego contaste tu historia. Tú necesitas derramar lágrimas delante de tu Padre.


Las lágrimas delante de nuestro Padre Celestial son importantes. Unos versos anteriores, Jeremías escribe “Muralla de la hija de Sión, corran tus lágrimas como un río día y noche, no te des reposo, no tengan descanso tus ojos” (Lam. 2:18).


¡No dé así mismo descanso! No es porque no hay descanso sino porque las lágrimas son el llanto de un corazón quebrantado y en lucha que no puede encontrar palabras. Algunas veces las heridas son muy profundas, los misterios muy complejos y Dios parece distante. Durante estos tiempos, las lágrimas deben fluir día y noche. Las lagrimas, en otras palabras, son un regalo de la gracia de Dios que expresa sin palabras nuestro quebrantamiento delante de la presencia de Dios. No necesitamos palabras durante estos momentos, sino tener lágrimas delante de la presencia de nuestro Padre.


Feas lágrimas

Lamentaciones 2 no es un capítulo cortés, honestamente es feo. La cautividad del pueblo de Dios fue brutal. Hay imágenes inexplicables grabadas incluyendo niños e infantes muriendo en los brazos de sus madres y de mujeres comiendo a sus hijos. ¿Cómo puede experimentarse tanto horror? Leemos más adelante que “El Señor ha devorado, no ha perdonado ninguna de las moradas de Jacob (Lam. 2:2). Lamentaciones 2 es un desmantelar lento de la vida para el pueblo de Israel.


Las lágrimas no son algo cortés y a menudo son feas. Cuando no tenemos palabras para el horror, tenemos lágrimas. Cuando no podemos explicar la soledad, la maldad, y la oscuridad que vemos, nosotros lloramos. Estas son lagrimas que no muchos desean pero muchos lo experimentan. Las lágrimas dan desahogo a la profundidad de nuestro dolor a medida que pasamos por el valle de la oscuridad.


Nuestra tendencia humana es el deseo de quitar el dolor y brincar a estar felices por siempre. No podemos quitar la fea maldad y explicar a Dios y a la vida. Queremos decirles a las personas que vean un consejero y queremos evitar las feas lágrimas. Pero, ¿que debe decir un consejero? En algunos momentos, ¿no son las lágrimas la respuesta apropiada? ¿Es nuestro consejo alguna vez “levántate y llora en la noche…derrama tu corazón como agua?”


Conversaciones sin terminar

Al final de Lamentaciones 2 encontramos un final desconsolador. Jeremías valientemente le pregunta al Señor “Mira, oh Señor, y observa: ¿a quién has tratado así? ¿Habían de comer las mujeres el fruto de sus entrañas? (Lam. 2:20) y demás. Las últimas palabras son esencialmente que el enemigo ha ganado y que no hay consuelo, solo lágrimas. Es una conversación sin terminar, aun así aquí es donde a menudo la palabra de Dios nos deja.


Incómodo, ¿verdad? Y así luchamos por encontrar las palabras, pero las palabras no vienen. ¿Por qué? Porque Dios esta cómodo con nuestras lagrimas. Aún más, Dios usa nuestras lágrimas para derramar su misteriosa presencia consoladora. Quizás no sepamos cómo, pero hay sanidad en las lágrimas. Las lágrimas proveen una oportunidad para estar en la presencia de Dios y por fe, no experimentar respuestas o palabras, sino el consuelo silencioso de un Padre que conoce nuestro profundo dolor y nos sostiene.


Preguntas de reflexión

¿Debemos estar más cómodos con las lágrimas de los demás? ¿Cuando alguien llora, siempre debemos sentir la necesidad de hablar? ¿En momentos es quizás una presencia silenciosa la respuesta más llena de fe a las lágrimas de otros? Creyendo, lloramos al contemplar la respuesta final de Dios que se encuentra en Jesucristo.


ESCRITO POR: DAVID ROBINSON | TRADUCIDO POR: MARTHA VELAZQUEZ

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