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Miedo al fracaso


María describió su relación con la comida como una cuestión de amor y odio. La comida es su mejor amiga, su amiga secreta y su amor. A ella le encanta disfrutar su comida favorita de camino al trabajo, en cada uno de sus descansos, a la hora de comer, de camino a casa, a la hora de la cena, y a media noche. Le encanta saborear cada bocado mientras está comiendo. No obstante, con cada comida dentro de su estómago, ella comienza a odiarla. Ella odia que su alimentación está fuera de control, odia el sentirse inflamada y con cinco kilos más de peso. Odia que haya fracasado en otra dieta. Y sabe que tiene que cambiar su desorden alimenticio. Pero le da miedo fracasar una vez más.


Temiendo al fracaso.

El miedo al fracaso es el temor a no alcanzar un objetivo deseado. El miedo al fracaso puede causar que las personas saboteen sus propios esfuerzos para evitar la posibilidad de un fracaso mayor, o para evitar intentar algo totalmente nuevo.

Mucha gente tiene miedo de fracasar en algún punto de sus vidas. Pero temer al fracaso excede el límite cuando se convierte en debilidad. Puede volverlos inmóviles, lo que les impide avanzar. Hay tres características que contribuyen a temerle al fracaso:

· Ser complaciente

· Perfeccionismo

· Pesimismo


Ser complaciente.

Ser complaciente es simplemente temerle al hombre. Proverbios 29:25ª, “El temor del hombre pondrá lazo”. El miedo a parecer como un fracasado delante de los demás, controla y limita los pensamientos y las acciones de la persona.

María desesperadamente deseaba agradar a sus parientes en la reunión familiar de navidad, mostrándoles que perdió esos kilos extras que ganó desde que tiene a sus hijos. Le preocupaba lo que ellos piensen o digan, así que decidió entrar en una rigurosa dieta. Ella fracasó completamente en la dieta, no bajó nada de peso, y decidió no ir a la reunión familiar de navidad.


El miedo a parecer como un fracasado delante de los demás, controla y limita los pensamientos y las acciones de la persona.

Perfeccionismo.

El perfeccionismo en su núcleo es orgullo. Se niega a aceptar cualquier estándar menor que la perfección. Las personas con esta mentalidad establecen estándares excesivamente altos, aspiran a lo perfecto, y son excesivamente críticas consigo mismas y con otros quienes fallan en alcanzar sus parámetros. El miedo a fracasar en el perfeccionismo hace que una persona sea inútil. Esto también es una trampa, porque la Palabra de Dios nos dice “por cuantos todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).


El perfeccionismo en su núcleo es orgullo.

María hace una cita con un nutriólogo. En el primer encuentro, María nota que el nutriólogo está un poco llenito alrededor de la cintura. Inmediatamente María ignora cualquier información que le están dando y deja que el encuentro determine que nunca más volverá a regresar. Teme fallar en alimentarse correctamente, porque el nutriólogo no estuvo a la altura de sus expectativas.


Pesimismo.

Pesimismo es el miedo de que lo que se espera no ocurra. No hay confianza en el futuro. El pesimista ve todos los desafíos con una mentalidad de “vaso medio vacío”. Se niega a creer lo mejor y elimina los pronósticos positivos. Este es un serio problema que proviene desde dentro del corazón. El salmista clama a su ser, “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?” (Salmo 42:5). Su fe lucha con su temor. Hay un sentir de desánimo hacia el futuro.


Superar el miedo al fracaso comienza con reconocerlo.

María es pesimista acerca del programa de pérdida de peso en el trabajo. Ella no confía en que bajará de peso. Ha intentado muchos diferentes programas de dietas, sin ningún resultado, solo un absoluto fracaso. Ella piensa de sí misma, “¿por qué este programa sería diferente? fracasaré en esto también”.


Superando el miedo a fracasar.

¿Batallas con el miedo a fracasar al igual que María? Superar el miedo al fracaso comienza con reconocerlo. Requiere valor el admitir y enfrentar nuestro miedo al fracaso. A continuación, debes explorar las causas de tus temores. ¿Están tus temores basados en ser complaciente, perfeccionista o pesimista? Finalmente, busca la solución de Dios al problema de temerle al fracaso, confiando en Dios, perfeccionándote en Dios, y poniendo tu esperanza en Dios.


El poder de Jesucristo habita en aquellos que se glorían en sus debilidades en vez de tratar de ocultarlas.

Confiando en Dios.

Ser complaciente proviene del deseo centrado en uno mismo de ser importante ante los ojos de los demás. El que es complaciente, teme en fallar en agradar a los demás, al tratar con sus decepciones, y perdiendo la credibilidad de ellos. Esta es una lealtad fuera de lugar, que se convierte en pecado. Cuando las personas son controladas por agradar a los demás, no están agradando a Dios. Para superar esta trampa, deben poner su confianza en Dios. Proverbios 29:25b proclama, “más el que confía en Jehová será exaltado”. Confiar en Dios guardará a las personas seguras de la trampa de ser complacientes. Confiar en Dios –y seguirlo- los protege de preocupaciones por encima de lo que los demás piensen o digan de acerca de ellos.


El pesimista elige ver la vida desde una perspectiva desesperada.

Perfeccionándote en Dios.

Perfeccionismo es el temor de mostrar debilidades, por fracasar al no cumplir con altos estándares de perfección. Está basado en el egocentrismo. Promueve el auto elogio y la auto-glorificación, lo que es pecado. La Biblia enseña, “Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad” (2 Corintios 11:30). “Porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9a). El poder de Jesucristo habita en aquellos que se glorían en sus debilidades en vez de tratar de ocultarlas.


Esperanza en Dios.

El pesimismo es una elección. El pesimista elige ver la vida desde una perspectiva desesperada. Pero esto niega la omnisciencia y la omnipotencia de Dios. El temor a fracasar implica que Dios no sabe lo que Él está haciendo en nuestras vidas, o que no tiene el poder de arreglarla. Temiéndole al fracaso demostramos falta de esperanza en Dios. Sin embargo, pasajes como el Salmo 42:5 nos animan, “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aun he de alabarte, salvación mía y Dios mío”. El salmista desafío su propio pesimismo y eligió poner su esperanza en Dios.


Temiéndole al fracaso demostramos falta de esperanza en Dios.

María reconoce que es una persona complaciente, perfeccionista y pesimista. A través de la oración y un ferviente deseo de buscar al Señor, en contra de su propio deseo de enfocarse en ella misma, su corazón ha comenzado a cambiar. Cuando surge la tentación de temer al fracaso, ella elige confiar en Dios en lugar de agradar a los demás; ella elige gloriarse en Dios, en vez de gloriarse en sus propios logros, y elige poner su esperanza en Dios.


El evangelio nos recuerda que nuestros fracasos no son una sorpresa para Dios.

Nuestra mayor esperanza se encuentra en Jesucristo. El evangelio nos recuerda que nuestros fracasos no son una sorpresa para Dios. Él usa nuestros fracasos para enseñarnos su flexibilidad, humildad, paciencia, perseverancia, compasión, y persistencia. Finalmente, nuestros fracasos, cuando los rendimos a Dios, nos ayudan a crecer en semejanza a Cristo.


Únete a la conversación.

¿Tienes miedo a fracasar? Si es así, ¿en qué áreas de tu vida? ¿Cómo esto afecta tu relación con los demás y con Dios? ¿Cómo has tratado de superar el miedo al fracaso?


Shannon Kay McCoy es consejera bíblica en Valley Center Community Church en el sur de California. Tiene una Maestría en Consejería Bíblica de The Master's College en Santa Clarita, CA, y con la certificación ACBC.

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