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El evangelio nos enseƱa a sufrir

  • Foto del escritor: CCB
    CCB
  • 25 jun 2019
  • 7 Min. de lectura

Evidentemente, es importante el cómo sufrimos. Pablo menciona un dolor piadoso y una aflicción mundana (2 Corintios 7:10). Los creyentes no se deben entristecer "como los otros que no tienen esperanza." (1 Tesalonicenses 4:13).


El Evangelio nos dice que el pecado contrista a Dios, por lo que nos debe entristecer a nosotros también (el pecado cometido por nosotros, el pecado cometido contra nosotros y los varios efectos de pecado). También nos dice que puesto que Jesús es un hombre de dolores y familiarizado con el quebranto, no estamos solos en nuestro dolor.


Pero, ¿cómo debemos sufrir? Y lo mÔs importante, ¿qué debe producir en nosotros el dolor? Mientras que los científicos sociales continúan debatiendo los méritos de varios acercamientos al dolor, el evangelio muestra una mÔs que suficiente guía para atravesar el proceso de aflicción.


De acuerdo con el dolor del Padre

El Evangelio comienza con Dios, por lo tanto el dolor (junto con todo lo demÔs en la vida) debe comenzar con Dios. Recuerda que el pecado aflige a Dios, por lo que nos debe entristecer también (Efesios 4:30). Si estÔs afligido por el pecado que cometiste hoy, el pecado cometido contra ti hace veinte años, o los efectos del pecado cometido por AdÔn en la caída, creo que es importante escuchar al Espíritu afirmar lo que sabemos que es verdad según las escrituras.


Pidamos al Padre que hable a travĆ©s del EspĆ­ritu con respecto a cada situación particular. No hay suficiente espacio aquĆ­ para hacer un resumen completo sobre la doctrina del EspĆ­ritu Santo, pero hay que tener en cuenta que el EspĆ­ritu es enviado por el Padre en el nombre de JesĆŗs (Juan 14:26). El EspĆ­ritu procede del padre (Juan 15:26); y el EspĆ­ritu nos conduce a la verdad de nuestra adopción como hijos de Dios, por el cual podemos clamar, "Ā”Abba! Padre!" Todo esto suma al hecho de que el EspĆ­ritu revela el corazón del Padre a nosotros. Cuando le preguntamos al Padre cómo se siente acerca del pecado, su respuesta siempre va a incluir un, "esto me entristece." DespuĆ©s de escuchar esto (o al menos ser recordado en Efesios 4:30), podemos llorar libremente con Ɖl. La palabra griega que se traduce como "confesar" en 1 Juan 1:9 significa "decir lo mismo que otro; estar acuerdo con".


Nuestro dolor debe ser enfocado hacia Dios, o se convertirÔ en una oportunidad para la auto-conmiseración.

Enterrar nuestras emociones bajo una pila de autoprotección es una forma común de lidiar con el dolor. Pero el Evangelio nos invita a un enfoque mucho mÔs honesto. El simplemente estar de acuerdo con Dios acerca de la naturaleza grave del pecado es liberador para muchos. Diciendo: "ese pecado cometido por mí, y el pecado cometido contra mí, me entristece, me rompe el corazón. Esta no es la manera en la que Dios diseñó el mundo para funcionar."


Este es el comienzo de confesar nuestros pecados. Después iremos aceptando los siguientes pensamientos del Padre con respecto al pecado, que no es conforme a su santidad, y que con el cual se debe lidiar. Este es el camino hacia el perdón prometido en 1°Juan 1:9.


DespuĆ©s simplemente de estar de acuerdo con Dios acerca de la grave naturaleza del pecado, creo que el Evangelio nos lleva a derramar nuestros corazones a Ɖl. Otra vez, nuestro dolor debe ser enfocado hacia Dios, o se convertirĆ” en una oportunidad para la auto-conmiseración. En 1 Pedro 5:5-7 leemos: ā€œIgualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestĆ­os de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Ć©l os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Ć©l, porque Ć©l tiene cuidado de vosotros.ā€


Fijarse Ćŗnicamente en las circunstancias difĆ­ciles de la vida, pasadas o presentes, es estar impulsado por el orgullo pues al hacer eso estamos echando nuestras preocupaciones sobre nosotros mismos. Confiar en Dios requiere humildad, un reconocimiento de que la vida no es sobre nosotros en Ćŗltima instancia, sino que es acerca de Ɖl y Su Gloria. Las tribulaciones de la vida pueden hacernos contar nuestras historias con los ojos apuntados hacia abajo, hacia nuestras manos ahuecadas, mirando nuestras circunstancias como si fueran un confuso montón de basura. Es una lĆ­nea con dos puntos fijos, entre nosotros y nuestro montón de cosas.


El reto es llevar con humildad ese montón de cosas al Padre, para que sostenga tus manos ahuecadas y levante tu cabeza, no mirando las circunstancias sino a aquel que es Soberano sobre ellas y estÔ presente en medio de ellas. La línea se convierte en un triÔngulo con tres puntos, nosotros, nuestro montón de cosas y nuestro Padre perfecto.


Aprender de los Salmos de angustia.

Muchos de los Salmos de David son un ejemplo apasionante de alguien derramando su corazón a Dios, reconociendo el carÔcter penoso de sus circunstancias, pero haciéndolo de una manera que mantiene a Dios en el centro.


Escucha las palabras del Salmo 22, que pinta una vĆ­vida imagen de un hombre que estĆ” soportando el sufrimiento extremo:

"Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.ā€

"Todos los que me ven me escarnecen." "He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas. "« Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan. ".


Confiar en Dios requiere humildad, un reconocimiento de que la vida no es sobre nosotros en Ćŗltima instancia, sino que es acerca de Ɖl y Su Gloria.

David ha sido oprimido, victimizado, abusado y maltratado. No sƩ los detalles exactos detrƔs de algunas de las referencias de David, pero estƔ claro que han pecado contra Ʃl de una manera tremenda.


¿Pero, cómo él estructura su lamento? ¿Dónde estÔn sus manos ahuecadas?

Salmo 22 comienza esta manera: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estÔs tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo.

Pero tĆŗ eres santo, TĆŗ que habitas entre las alabanzas de Israel.".

Y esto dice cerca del final:

"Le diré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré: Que teme a JehovÔ, Alabadle. Todo lo que los hijos de Jacob, glorificarlo, y en el temor de él, todo lo que los hijos de Israel!"


En todos los Salmos de lamentación de David (que también podríamos llamar Salmos de dolor), sigue este mismo patrón:

  1. Ɖl fija a su mirada en Dios, afirmando su soberanƭa y presencia;

  2. Ɖl derrama su corazón a Dios ("Esto es terrible! Esto me entristece!");

  3. Entonces él reafirma su gran fe en Dios y su determinación para adorarle no importa qué.

Tu oración puede sonar algo como esto:

"”Dios, sé que estÔs aquí! Sé que eres poderoso y estÔs presente. Sé que siempre has estado presente. Sabes lo que hice ayer, y sabes lo que me sucedió hace años, y ”eso me entristece! ”Sé que te entristece a ti también! Cuando fui maltratado y abusado, cuando las personas se burlaban de mí y me dolía, cuando pequé sexualmente y pronuncie palabras hirientes a los demÔs, estabas allí y te contristé. Y fue terrible. Lo odiaba. Me hizo querer morir. Pero sé que estuviste allí, y sé que estÔs en control y sé que realmente te importa. Estoy en dolor, y aun así elijo adorarte. Sana mi corazón roto".


Abrazar el Evangelio del dolor

Todo esto nos debería recordar a Jesús (salvo la parte sobre la confesión de pecado). Mateo hace al menos cuatro referencias al Salmo 22 (27:35, 27:39, 27:43, 27:46) y nos proporciona otro ejemplo claro de cómo debemos lamentarnos de aún el mÔs injusto sufrimiento que podemos soportar.


Según el Evangelio, pena no es introspección mórbida. El Evangelio del dolor es aceptar la invitación a derramar tu corazón a tu Padre perfecto en el cielo.


Uno de los versos mƔs mal usados en la Biblia es Romanos 8:28.

"Y sabemos que para aquellos que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien, para aquellos que son llamados conforme a Su propósito".


El Evangelio del dolor es aceptar la invitación a derramar tu corazón a tu Padre perfecto en el cielo.

A menudo, este versĆ­culo es citado cuando las personas estĆ”n experimentando grandes dificultades. La idea es que Dios estĆ” planeando algo, que Ɖl estĆ” en control y que va a traer algo bueno de este lĆ­o. Mientras que esto es cierto, no es Ćŗtil enviar una persona en sufrimiento a una persecución sin sentido por algĆŗn "bien" que puede venir de sus circunstancias tan terribles. Debemos tener el verso 29 para hacer sentido del versĆ­culo 28:

"Para aquellos que de antemano conoció, tambiĆ©n los predestinó a ser conformados a la imagen de su hijo, para que Ɖl sea el primogĆ©nito entre muchos hermanos."


Ahora ya sabemos que el "bien" es que Dios estĆ” siempre trabajando en las vidas de sus hijos adoptados. Ɖl estĆ” siempre, a travĆ©s de circunstancias buenas y malas, a travĆ©s de bendición y juicio, conformĆ”ndonos a la imagen de su hijo. Ese es el plan que ha decidido lograr en nuestras vidas antes del principio de los tiempos. Y en su asombroso poder y soberanĆ­a, saca algo ā€œbuenoā€ del lĆ­o. De alguna manera, Ɖl utiliza el pecado para llevar a cabo este trabajo transformador. Nunca entenderemos la manera en que Ɖl logra esto, pero he experimentado su obra transformadora mĆ”s poderosamente en medio del pecado y de juicio.


AsĆ­ que ĀæquĆ© tiene que ver esto con el dolor? El dolor alimentado por el evangelio cierra un cĆ­rculo completo cuando podemos afirmar, como JosĆ©, " Vosotros pensasteis mal contra mĆ­, mas Dios lo encaminó a bienā€. El pecado nunca es la primera opción de Dios. El pecado es simplemente malo en su totalidad. Cuando las personas pecan contra nosotros, de alguna manera hay un plan para nuestra destrucción que estĆ” llevĆ”ndose a cabo. Pero el plan de Dios triunfa sobre ese plan y realmente utiliza el pecado, cometido por nosotros y contra nosotros, para llevar a cabo un plan mayor de dar vida. Su abusador lo habĆ­a pensado para mal, pero Dios lo pensó para bien.


Cuando pecan contra nosotros, de alguna manera hay un plan para nuestra destrucción que estÔ llevÔndose a cabo. Pero el plan de Dios triunfa sobre ese plan y realmente utiliza el pecado, cometido por nosotros y contra nosotros, para llevar a cabo un plan mayor de dar vida.

Aceptar esta realidad, reconociendo el bien y el trabajo de transformación para ser como Cristo que se ha logrado en su vida como consecuencia directa de decisiones pecaminosas por usted mismo y otros, es una parte esencial de la aflicción. Sólo entonces vemos que nuestro dolor puede realmente ser redimido — "comprado" para cumplir con los propósitos de Dios.


JesĆŗs ha tomado los momentos mĆ”s dolorosos de nuestra vida, pagando la pena por el pecado que los causó y redimió esos momentos para sus propósitos. "Ciertamente llevó Ɖl nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores..." (IsaĆ­as 53:4).



ABE MEYSENBURG es esposo, padre, y pastor en Summit Crossing



TRADUCIDO POR: PRISCILA ACUƑA

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