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Procesando y sobrellevando el duelo


Justo estoy de regreso de asistir de la conferencia anual de la Asociación de Consejeros Bíblicos Certificados (ACBC). Tuve el privilegio de presentar un taller sobre el tema de sufrimiento y el dolor. El momento de la conferencia fue interesante porque una semana atrás enterré a mi padre de 95 años. Sé que Dios, por supuesto estaba consciente de la proximidad de la muerte de mi padre al taller que yo impartiría en la conferencia.


Mi padre había estado sufriendo en los últimos años de demencia vascular y lentamente iba cuesta abajo, mientras tuvo una doble neumonía en febrero. Su cognición declinó significativamente y él era mucho más frágil que antes. Cuando lo vi en junio, él no supo quién era yo. El personal del asilo nos había estado informando que él estaba teniendo ausencias. Pero no sé si hay una persona que esté lista para “la llamada” cuando llega. En mi caso, recibí un aviso para ir a ver a mi padre el viernes por la tarde. A pesar de mis mejores esfuerzos para estar allí, él falleció antes de que yo llegara. No le di el último adiós por el que había esperado y orado.


La muerte y la pérdida nos hacen reflexionar y recordar a nuestros seres queridos en tiempos mejores. Experimenté una avalancha de recuerdos cuando revisé fotos antiguas y recordaba vacaciones y días festivos. Ver imágenes de mi padre antes de que la enfermedad se apoderase de él me recordó que él siempre estaba extremadamente activo. De hecho, nueve meses atrás todavía estaba jugando bolos en ligas mayores. Incluso estaba jugando golf dos veces a la semana el otoño pasado, aunque su personalidad había cambiado bastante para entonces y su comportamiento era irregular.


Mucho ha sucedido en los últimos quince meses, y mucho de ello ha sido triste y difícil de observar. Cuando mi papá comenzó a fallar mentalmente le causó una gran cantidad de sufrimiento emocional. Estaba acostumbrado a ser independiente, y de repente fue trasladado de su propia casa a un apartamento para personas mayores. A partir de ahí fue a una instalación de vida asistida (que no le cuidó) pero solo duró seis semanas porque comenzó a vagar por los terrenos aledaños. A partir de ahí tuvo que mudarse a una unidad de atención de memoria, la cual odiaba. Cada vez que hablaba con él estaba empacando sus pertenencias para salir fuera de ahí. Cuando llegó a cuidado de la memoria, era una de las personas más ásperas allí. Al contraer doble neumonía en febrero comenzó la rápida caída descendente. Como familia, experimentamos tristeza cuando lo vimos desaparecer en el cascarón debido a esta enfermedad. Al final, mi papá quedó irreconocible.


La Biblia nos advierte que vamos a sufrir, y su fallecimiento ha sido un recordatorio de que el sufrimiento y el dolor son universales en esta vida (1 Cor. 10:13). El dolor y la tristeza hacen que miremos al Señor con esperanza y aceptación o que estemos enojados con Él. Vi ira hacia Dios entre algunas personas en la unidad de cuidados de memoria de mi padre. Ellos desprecian lo que está sucediendo, y sus familias se ven quebrantadas por el lento marchitamiento de su ser querido. Alzheimer y demencia son esos ladrones, enfermedades cerebrales que literalmente roban la esencia y la personalidad de su ser querido día tras día, a menudo dejando atrás un cuerpo sano.


El sufrimiento y la muerte de mi padre lograron algo en mí; me recordó que Dios es soberano. El día que mi padre murió, me di cuenta de que podría ser difícil aceptar el tiempo de Dios en la cantidad de días que tenemos con las personas que nos importan. Como ves, quería que todo fuera diferente para él. Yo quería estar allí cuando muriera. Quería poder darle el Evangelio una vez más. Quería escucharlo decirme que me amaba... solo una vez. Acepto que en el plan soberano de Dios, las cosas fueron como tenían que ser porque eso es lo que más lo glorificó. Esto es un desafío para abrazar, aparte de la gracia y la fe.


Dios siempre está en control. Él es completamente consciente y está en control de la composición del sufrimiento que traen mis aflicciones. Estoy segura de que está usando mi dolor y está trabajando en ello. El Señor quiere construir mi fe, y eso se está logrando a través de la pérdida de mi padre. Dios quiere que confíe en Él desde lo profundo de mi corazón. Él está usando la muerte para conformarme a la imagen y semejanza de Cristo y aumentar mi dependencia de él.


“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9


Este es otro recordatorio de que necesito a Dios, y que mi consuelo proviene de él. Sin embargo, mi amoroso Padre celestial también ha considerado oportuno utilizarlos, queridos amigos lectores, para brindarme consuelo por la pérdida de mi padre terrenal. Permítanme expresar mi más sincero agradecimiento por las tarjetas, mensajes, correos electrónicos, notas y mensajes de condolencia que me enviaron y publicaron en línea. Una querida pareja asistió a la visita fúnebre, y muchos de ustedes hicieron contacto personal conmigo en la conferencia de la ACBC para expresar sus condolencias. No puedo expresar adecuadamente cuán emocionada estoy por sus gestos de amor y compasión. Que Dios les bendiga abundantemente por su bondad hacia mí.


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2 Corintios 1:3-4


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Sé que no he terminado de procesar esta pérdida, y estoy segura de que en el futuro fluirán más pensamientos sobre el teclado. Por favor, inclúyanme en sus oraciones.


Escrito por: Julie Ganschow


Traducido por: Elia Flores

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