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Repitiendo patrones pecaminosos


¡Justo como un reloj! Pero puede parar.

Es muy importante saber exactamente qué es lo que está involucrado en el patrón pecaminoso de repetición. Es un ciclo de lujuria (deseo y adoración) que sucede como las manecillas del reloj. Empieza a tomar forma en el escenario perfecto, activamente empieza con el primer pensamiento de tentación, y normalmente termina en fracaso, culpa y dolor hasta la próxima vez que el perfecto escenario y tentación se presentan de nuevo. Podemos ilustrar este ciclo de esta manera:


“Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Santiago 1:14-15


Ya que cada segmento (o estado en el que te encuentres), hace tick tack continuamente y sin interrupción, te empuja hacia el siguiente segmento o estado. Si estás batallando con falta de dominio propio con la televisión, computadora, juegos, pecados relacionados con la comida, pecado sexual, abuso de drogas, gastar el dinero de manera equivocada, la aprobación de otros, o cualquier otro pecado o refugio que busques, seguramente podrás encontrarte en este proceso.


1. Tentación:

El ciclo comienza cuando comenzamos a ser atraídos por una tentación externa y hay una lujuria o codicia interna atraída a esa tentación. Cuando juntamos esas dos cosas y le sumamos el aislamiento y la provisión para cometer el pecado estamos dentro de una batalla violenta. Al comenzar la batalla espiritual, el diablo buscará aprovechar cualquier oportunidad. Así que, tenemos un atractivo externo y un deseo interno con el enemigo trabajando para alentar la gran mentira de: “Vale la pena.” Y poco nos damos cuenta lo crítico que es este momento, y quién y qué es mucho más valioso y a nuestra disposición- Jesucristo. (Santiago 1:14a; Efesios 4:27; 1a Pedro 5:8)


2. Batalla “débil”:

Tal vez nos damos cuenta que el seguir nuestros deseos sería pecado. Si es así, y somos verdaderos creyentes, es probable que haya un pequeño intento de resistir o alejarnos de la oportunidad de pecar. Pero si los deseos y pensamientos no son tratados a la manera de Dios, o acciones suficientes son tomadas, la tentación permanecerá persistente y crecerá incluso más. Tal vez tengamos un pensamiento de cómo deberíamos de escapar de la tentación, pero no lo tomamos en serio.


3. Racionalización:

Nuestra carne es muy ambiciosa y anhela siempre crear racionalizaciones en forma de excusas o mentiras con la finalidad de minimizar la seriedad de nuestro pecado, justificar el que cedamos ante el o validar nuestra elección pecaminosa. Tal vez la razón y el hábito se han establecido desde hace mucho tiempo. La racionalización nos da un falso confort y una medida de ceguera acerca de nuestro pecado. Abajo hay una lista de ejemplo de algunas racionalizaciones que se han escuchado en consejería (¡o usadas personalmente!). ¿Reconoces tus racionalizaciones? ¿Puedes añadir una propia?

  • No estoy lastimando a nadie más.

  • No es para tanto; Dios entiende.

  • Este pecado es mejor que…

  • Lo dejaré la próxima vez; esta será la última vez.

  • Esta es una excepción por circunstancias excepcionales.

  • Quiero y merezco algo de confort, paz y/o placer.

  • No tengo otra alternativa.

  • Es una necesidad o derecho único que…

  • Ya fallé de todos modos en mi mente o corazón, así que…

Ahora, si estás diciendo, “No sé de qué estás hablando,” bueno, estás leyendo el libro equivocado. Pero si eres un creyente, y estás dispuesto a pensar en estas racionalizaciones honestamente, probablemente estarás de acuerdo que al escoger el pecado, has tomado parte en excusas similares alimentadas por la adoración personal y temporal de algo que no es Dios. (Lucas 16:15)


4. Rendición al pecado o sentimientos de desesperanza:

Sentimientos o pensamientos de “Tengo que tener eso…” “Yo necesito…” “Yo tengo que…” o “Simplemente nunca puedo ganar” comienzan a establecerse. Pensamientos acerca de ti mismo y lo que sientes reinan de manera suprema mientras Dios, la decepción del pecado y el valor superior y satisfacción en Cristo son pasados por alto o ignorados. Cuando esto sucede, estamos solo a un paso de actuar en contra de lo que es santo y correcto y tal vez contemplemos osadamente de la Gracia de Dios y Su perdón. Nosotros pensamos “Aghhh! ¡Esta lucha que nunca termina!” o “Aghhh! ¡Esta necesidad!” “Seguramente Dios me entiende y me perdona. Él ya lo ha hecho muchas veces.” (Hebreos 3:13)


5. El pecado es realizado, acompañado por la culpa real:

Este pensar, acompañado de la codicia en nuestro corazón, da a luz al pecado en el corazón, y luego el pecado es consumado (Santiago 1:15). Nosotros escogemos seguir y rendirnos a nuestro pecado. Lo que sea que sea -comer en exceso, mirar cosas que no deberíamos, gastar dinero tontamente, o algo más- actuamos bajo la promesa y esperanza del confort, satisfacción, validación o placer que nos va a dar. Hay una ceguera prevaleciente que alcanza solo lo que podríamos ganar momentáneamente (Santiago 1:15; Jeremías 51:5)


6. Culpa momentánea, placer o alivio:

Normalmente hay un pago inmediato y momentáneo; ese placer pasajero del pecado; esa breve gratificación o alivio. Lo que fue tan atractivo es muy bueno por un momento, pero es acompañado muy pronto por vergüenza de nuestra culpa, un cierto tipo de muerte (flaqueza del alma) y destrucción creciente.


7. Tristeza y vergüenza:

La consecuencia de la culpa sucede inmediatamente cuando pecamos, muy rápido empezamos a sentir vergüenza y disgusto. “¡No puedo creer que lo hice otra vez!” El placer se terminó y solo nos queda lidiar con la tristeza y efectos del pecado. El pecado es de largo alcance, aunque no lo creas. Otra vez, el diablo aprovechará y usará nuestra culpa lo más que pueda. (Salmo 32:3-4; Apocalipsis 12:10)


8. Confesión a Dios retardada:

Nosotros pensamos o nos decimos a nosotros mismos, “No puedo acudir a Dios. No ahora. He pecado contra Él, y esta es la dieciochoava vez que lo he hecho.” Tú decides esperar un poco más esta vez. Te sientes tan mal que crees que no puedes encarar a Dios. En este estado puedes resbalarte hacia la auto-conmiseración o depresión o hacia otros medios para lidiar con tu culpa. (1a de Juan 2:28)


9. Un tipo de confesión:

El tiempo pasa, y cuándo crees que ya te has castigado lo suficiente, o ya has experimentado mucho más dolor por las consecuencias de tu pecado, ya estás listo para tratar de hablar con Dios y un tipo de confesión es realizada. Tu empiezas a tratar y abrazas una vez más la obra de Cristo en la Cruz a tu favor. En este punto, una medida de desesperanza permanece o puedes seguir adelante con una nueva resolución, mientras tratas de rendir todo a Dios y pedirle que quite todo. Puede que trates de animarte a cambiar prometiéndote tomar mejores elecciones en el futuro. Pero no puedes hacerlo por ti mismo; no eres un rival para tu carne. (Salmo 51)


10. No te revistes de Cristo y las provisiones para la carne no son eliminadas:

En este punto, no estamos lidiando con los deseos y pensamientos a la manera de Dios, ni estamos tomando medidas drásticas para evitar la tentación, lujuria y pecado. Incluso más importante, no estamos realmente atesorando y siguiendo lo que está faltando en nuestro caminar cristiano. (Romanos 13:14)


11. Ayuda externa no es buscada:

Escogemos mantenerlo privado. Determinamos que esta lucha debe continuar siendo privada y que vamos a trabajar con ella nosotros solos. De esta manera, con optimismo, nadie más tendrá que saberlo. Todos los demás parecen tener todo en orden (aunque no es verdad) y estamos demasiado avergonzados para admitir nuestra lucha. “Tu podrás manejarlo”, pero no has podido hacerlo por años, pero realmente crees que debes probar una vez más. (Gálatas 6:1; Proverbios 18:1)


12. El tiempo pasa - el escenario perfecto permanece en el mismo lugar:

El tiempo pasa y muy pronto todo comienza otra vez porque sigue sin haber un cambio verdadero en nuestro enfoque, en nuestra situación o en nuestras acciones. El ciclo de lujuria y codicia continúa hasta que estamos listos a hacer lo que sea necesario para cambiar. El cambia empieza cuando aprendemos a valorar y deleitarnos más en Cristo, y a apropiarnos la fe y los recursos que Dios nos ha dado. (1a Corintios 6:12)


A pesar de que conozcas este ciclo muy bien, la esperanza que Dios te da es que Él y Su verdad pueden ayudarte a romper y reemplazar ese ciclo (2a de Pedro 1:3-4, Salmo 119:45). Y lo más increíble es, que gracias a la gracia y misericordia de Dios, incluso todos tus errores pasados pueden ser útiles - útiles para tu crecimiento, para la gente de Dios, y útiles incluso para la Gloria de Dios- siempre y cuando te arrepientas y empieces a vivificar y fortalecer tu caminar con lo que ha faltado todo este tiempo. (Romanos 8:28-29)


“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.” Romanos 6:6

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