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Creando un plan de batalla espiritual como consejero





Evangelio, Vida Cristiana, Escrituras, Batalla Espiritual


De acuerdo a la Escritura, todos los cristianos pasarán por temporadas de ataque espiritual (Juan 15:19-20; 16:2; 1 Pedro 2:21; 2 Timoteo 3:12). Pero como consejero bíblico tendrás en tu espalda el centro del blanco. El enemigo quiere aislar y dividir a los líderes de la iglesia y a la familia eclesial también. Esta batalla tendrá un impacto directo en aquellos que tú más amas. Por eso es que, si estás casado, el mejor plan de batalla es cuando se desarrolla e implementa como pareja. También aplica para los solteros, pero por amor a nuestro enfoque, enfatizaremos cómo pelear esta batalla juntos en pareja ya que el cuidado de las almas es un campo de batalla. Idealmente, este plan se comparte con personas de confianza que te apoyarán y orarán por ti.


Quiero describir cinco pasos y un mapa a implementar en cada paso para ser más efectivo en la preparación para la guerra espiritual en tu ministerio de consejería bíblica, construyendo una vida en casa que modele lo que aconsejas, y viviendo una vida que glorifique a Dios.


Un plan de batalla en 5 pasos

  • Identifica tus verdaderos enemigos

  • Entiende tus armas espirituales

  • Mantente activamente firme en el Evangelio

  • Camina al compás del Espíritu

  • Rinde a Dios lo que no puedes controlar


1. Identifica tus verdaderos enemigos


Podrías ser tentado a pensar que tus enemigos son aquellos que te calumnian, critican, se van de tu oficina descontentos, o crean problemas en tu ministerio. Aunque claramente hacen un daño, mi experiencia es que las mas grandes batallas serán en y con fuerzas que no puedes ver. La Biblia deja claro que nuestros enemigos más temibles no son otras personas (Efesios 6:12). Hay un tiempo para reprender o disciplinar al rebelde, pero, en la mayoría de los casos, nuestra mejor respuesta es aprender a orar, devolver el bien, y amar al contencioso (Romanos 12:19-21). Si bien no deberíamos buscar un demonio detrás de cada problema, Satanás no debe ser ignorado al hacer nuestro plan. (Juan 10:10). También está nuestra carne pecadora y las tentaciones de este mundo (1 Juan 2:15-16). Yo sugeriría que tu plan incluya maneras específicas de humillar la carne, pelear las tentaciones del mundo, resistir al diablo y reconocer la guerra espiritual. Sé honesto acerca de tus pecados más fuertes, tu etapa de vida y tu contexto ministerial al considerar este paso.


Aunque pase por el valle de sombra de muerte,No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;Tu vara y Tu cayado me infunden aliento. (Salmo 23:4)

Medita en el carácter de Dios y Sus promesas: Busca versículos sobre la batalla que te recuerden que Dios es justo, la venganza es Suya; Él restaura; no permanece enojado, no aflige voluntariamente al hombre.


Aplica ritmos saludables: Entra en ritmos de oración personal diaria que incluyan confesión para mantener una consciencia limpia, toma tiempos semanales para orar con tu cónyuge, oración mensual con el staff/ancianos, una revisión anual con los miembros pidiendo a Dios discernimiento y protección.


Practica las disciplinas espirituales: ve con otros rápidamente para confrontar problemas en amor o para confesar, ora por tus enemigos terrenales y por protección en contra de fuerzas demoniacas, sé transparente con los ancianos, ejercita el postergar la gratificación/el autocontrol, aumenta la autoconciencia, practica el esperar en el Señor cuando no estés seguro de los siguientes pasos, enseña a tus líderes la disciplina bíblica hacia la restauración.


2. Entiende tus armas espirituales


Tenemos armas divinas de acuerdo a la Escritura (2 Corintios 10:4-5), pero ¿sabemos qué son y cómo usarlas? Efesios 6 es la imagen más clara de lo que es prepararse para la guerra espiritual en la Biblia. Ora por la armadura regularmente. Considera como puedes usar la oración, la Escritura, la meditación, el autoconsejo bíblico y el estímulo muto para pasar al lado ofensivo de la batalla con Cristo.

“Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne. Porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10:3-5)

Medita en el carácter de Dios y Sus promesas: Busca y memoriza versículos sobre la batalla recordándote que Él es todopoderoso; nuestra torre fuerte, nuestro escudo, nuestro proveedor, protector y porción.


Aplica ritmos saludables: Entra en ritmos de oración diaria individual centrada en el evangelio, repasa versículos de batalla tres veces a la semana; ora semanalmente por protección; comprueba tu autoconsejo contra las mentiras y rebátelas con versículos específicos; pide a otros que oren, enseña y practica una resolución de conflicto bíblica para evitar divisiones, amargura, enojo o calumnia.


Practica las disciplinas: Oraciones de discernimiento y protección, meditación, memorización, identificar mentiras y los versos de la Escritura que mejor las confronta.


3. Mantente firme en el evangelio


No es una tarea fácil mantener un ministerio centrado en el evangelio. Haz un hábito el agradecer a Dios y repasar la verdad del evangelio que no solo te salvó, sino que te santifica y te sustenta diariamente. La batalla final es del Señor, pero nosotros peleamos al estar firmes y aplicar el evangelio en nuestra vida diaria. En muchas ocasiones vemos en la Escritura el mandamiento de permanecer firme (1 Corintios 16:13; 2 Corintios 1:24; Gálatas 5:1; Efesios 6:13; Filipenses 1:27; 2 Tesalonicenses 2:15), de resistir al enemigo (Santiago4:7), de orar (Mateo 26:14; Marcos 9:29; Lucas 6:28, 21:36; Hechos 6:4; Romanos 8:26, Efesios 1:16, 6:18; Filipenses 1:9, 4:6; Colosenses 4:2-3; 1 Tesalonicenses 5:17), de huir de la tentación y humillar la carne (Romanos 6:6; Efesios 4:22-24), de tener por sumo gozo el hallarse en diversas pruebas (Santiago 1:2). Considera las disciplinas con las que te comprometerás para vivir en la luz del evangelio y mantenerte firme.

"Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abunden para toda buena obra." (2 Corintios 9:8)

Medita en el carácter de Dios y en sus promesas: Él es fiel, el mismo ayer, hoy y siempre; Él está con nosotros hasta el fin de la tierra.

Aplica ritmos saludables: Espera en Dios con una postura de oración, huye de las tentaciones diario y mantente en las pruebas, trae el evangelio a tu mente diario, encuentra a alguien de confianza que se levante contigo.


Practica disciplinas: memoriza las verdades del evangelio, haz oraciones para rendirte y depender, alaba con agradecimientos, haz comunidad dando ánimo intencional, y aparta tiempos de descanso y reflexión en Cristo.


4. Camina al compás del Espíritu


Me encanta la metáfora de caminar en la vida cristiana. Piensa en caminar como tu punto de partida, no en pasos apurados a ritmo rápido. Piensa en esperar en el Espíritu, no en adelantarte. Piensa en un paso a la vez, no en vivir temiendo el futuro o arrepintiéndote del pasado. Entonces considera cómo caminar en el Espíritu. Camina empoderado por, impulsado por y en línea con el Espíritu Santo. Esto significa decisiones bañadas por la oración, discernimientos en oportunidades para elegir y discreción al elegir socios de ministerio. Significa crecer en los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23). Dedica algún tiempo a escribir las decisiones más grandes por las que necesitas orar y el fruto que más se le escapa a cada uno. Recuerda, estás ahí para ayudarse a crecer no para señalar las debilidades del otro (Mateo 7:4-5). Haz un plan para crecer en esa área y oren juntos por esa decisión. Desarrollen una tabla de decisiones para el futuro. Piensen acerca de sus valores, convicciones, consejero de confianza, el tiempo correcto. Desarrollen esta tabla usando preguntas como: ¿está alineado a la palabra de Dios? ¿Es algo que ambos sentimos que es correcto? ¿Es sabio en este tiempo? ¿Es lo mejor que podríamos hacer para Su gloria? ¿Hemos buscado un consejo sabio? ¿Está tomando en cuenta quiénes somos y cuáles son nuestros dones? ¿Dios lo ha confirmado en oración? Caminar en el Espíritu tomará algo de práctica. Necesitarán desacelerar y perseguir la unidad en el Espíritu para que esto pueda convertirse en ritmo.


“Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos. Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre” (Juan 14:15-16)

Medita en el carácter de Dios y Sus promesas: Busca y medita en los versículos donde Él es santo, compasivo y está cerca.


Aplica ritmos saludables: Espera en Dios en una actitud de oración; huye diariamente de las tentaciones y permanece en las pruebas; repasa el evangelio en tu mente todos los días.


Practica las disciplinas: Ora a través de la Escritura; alaba en Espíritu y en verdad; toma pausas diariamente para orar, considera tener largos periodos de descanso y medita en lo que es verdadero y honorable (Filipenses 4:8).


5. Rinde el control a Dios


La Biblia es clara cuando dice que hay cosas que no podemos controlar y batallas que no podemos librar sin Dios (2 Crónicas 20:15; Efesios 6:12; Romanos 8:37). De hecho, las decisiones más importantes en tu vida no están en tu control. Preguntas como las siguientes: ¿Elegirán tus hijos a Cristo? ¿Tu cónyuge permanecerá fiel? ¿Se quedará tu gente en tu iglesia? ¿Volverá tu pródigo a casa? Esto no quiere decir que tú no tengas cierta responsabilidad en administrar lo que Dios te ha dado, ¡pero eso es un círculo relativamente pequeño comparado con el vasto círculo de la confianza en Dios y de orar por lo que está afuera de tu control directo! Habla acerca de lo que necesitas rendir hoy y qué cosas serán difíciles de soltar en el futuro. ¿Cuáles son algunas formas de mantener las manos abiertas y entregarle constantemente a Dios las cosas que son muy grandes, muy difíciles o muy poderosas para ti?


“Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera» (Mateo 11:28-30).

Medita en el carácter de Dios y Sus promesas: Medita en y memoriza la Escritura que enseñe que Él está en control, Él se preocupa por ti, Él es bueno, Él es soberano y el alma descansa solo en Él.


Aplica ritmos saludables: Confía en Dios en una actitud de oración, corre a Él cuando estés turbado, ponte de rodillas con tu cónyuge y clamen por las cosas más importantes, toma un descanso sabático semanalmente y un descanso más largo cada tres meses.


Practica las disciplinas: Ora a través de ciertos Salmos, escribe un diario, ayuna por un día, administra las finanzas con la confianza de que Él provee, y usa el tiempo sabiamente, incluyendo ritmos de descanso.


Basado en tus respuestas, escápense un fin de semana y describan juntos su plan de 5 pasos. Escriban versículos de batalla. Empiecen con lo mínimo para la oración (por ejemplo: 10 minutos a solas diariamente, 15 minutos juntos tres veces por semana), lectura de la Biblia, orar juntos y escribir un diario. Escriban por cuanto tiempo y qué tan seguido practicarán estas disciplinas con metas diarias, semanales y mensuales. Espero que esto pueda prepararte mejor para pelear la buena batalla y acercarte a ti y a tu cónyuge más a Dios en la siguiente temporada del ministerio.


Preguntas para reflexionar

  1. ¿Te ves a ti mismo en medio de una guerra espiritual?

  2. ¿Cuáles pasos necesitas reforzar?

  3. ¿Cómo pueden tu cónyuge y tú pelear esta batalla como compañeros?

 


Garrett Higbee


El Dr. Higbee se formó como psicólogo clínico, pero tuvo una conversión radical en 1992, que lo llevó a confiar en Cristo y Su Palabra para todo lo relacionado con la vida y la consejería. Ha brindado consejería durante más de 30 años y recientemente se convirtió en director de Twelve Stones North, Indianápolis, donde organiza Lead Healthy Retreats© para pastores, líderes ministeriales y sus cónyuges (Leadhealhtyretreats.com). También es el especialista en atención de líderes del Great Commission Collective, una red de plantación de iglesias. Como presidente de Soul Care Consulting, dirige un equipo de consultores talentosos que ayudan a las iglesias a recuperarse mediante la construcción de una cultura de discipulado y atención (soulcareconsulting.com). Garrett es miembro fundador de la junta de la Coalición de Consejería Bíblica y los Ministerios Doce Piedras. Ha estado casado con Tammy durante más de 25 años y tienen tres hijos, Rachel, Zach y Sarah. Viven en Indianápolis, Indiana.

 

Traducido por: Valeria Palacios

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