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Ministrando a las personas espiritualmente frías y rebeldes




Nuestra responsabilidad es ser fieles en dar la Palabra y representar amorosamente y adecuadamente al Señor Jesucristo.


Nuestro tema en esta hora es lidiar con los espiritualmente fríos y rebeldes. Casi todos nosotros tenemos a alguien en nuestro círculo de relaciones que encaja en esta descripción. Para algunos de nosotros puede ser un miembro de la familia, como un padre, un hijo, un hermano o una hermana. Para otros, puede ser alguien de quien nos hicimos amigos mientras caminábamos juntos y servíamos al Señor, pero ahora esa relación se ha atenuado ya que esa persona endureció su corazón a las cosas del Señor. Para algunos, cuando pensamos en los fríos espirituales o rebeldes, inmediatamente pensamos en un aconsejado con quien nos reunimos actualmente. Otros de nosotros pensaríamos en alguien de nuestra época de universidad o seminario que ya no ama las cosas que nosotros sí amamos.


5 Perspectivas útiles


1. Todos nosotros fuimos espiritualmente fríos y rebeldes en un tiempo.


Efesios 2:1-3 dice: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.


Cuando iniciamos esta plática de lidiar con los espiritualmente fríos y rebeldes, es apropiado iniciar diciendo: “Salvo por la gracia de Dios, estarían hablando de mí en esta hora”. Todos nosotros fuimos así en un tiempo.


2. El ministerio espiritual es un esfuerzo en equipo.


Esto se ve en 1 Corintios 3:7-10 cuando Pablo dice: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica”.


El ministerio espiritual es un esfuerzo en equipo. Te daré una tarea que lo dejará muy claro para cada una de sus vidas: pasa tiempo revisando el número de personas que te empujan a considerar las declaraciones de Cristo, que te enseñaron las Escrituras, que te apuntaron hacia Cristo guiando a la vez que oraste para aceptar a Cristo.


Yo nací y crecí en un buen hogar cristiano al sureste de Ohio. Me dicen que mis padres me llevaron a la iglesia por primera vez desde el primer servicio después de llegar a casa del hospital; asistimos a cuatro servicios por semana fielmente durante años y años. Yo confié en Cristo cuando tenía nueve o diez años. En una ocasión me senté y empecé a hacer una lista de toda la gente que me empujó hacia Cristo. Empecé con mis padres, después abuelos piadosos, después trabajadores de la guardería y maestros de la escuela dominical, después un pastor y seguí. Terminé con 25 personas que me empujaron hacia Cristo. Considera ese número mientras recuerdas que yo acepté a Cristo a los nueve años.

El punto de este ejemplo es que el ministerio espiritual es un esfuerzo en equipo. Cuando estoy intentando ministrar a los espiritualmente fríos y rebeldes, encuentro gran consuelo y descanso en el hecho de que solo soy uno de un equipo. No soy el equipo; solo soy uno del equipo. Mi trabajo es tener un papel al empujar a la persona a considerar las declaraciones de Cristo. Yo quiero ser un buen jugador del equipo, pero solo soy parte del equipo.


3. Piensa en términos de sembrar, regar y cosechar en lugar de en términos de solamente cosechar.


Pablo dijo en 1 Corintios 3:6: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios”.

Mientras meditaba en este pasaje e intentaba entenderlo, llegué a entender que cuando la Biblia habla de sembrar, se refiere a lo que yo podría pensar como el ministerio directo de la Palabra o la exposición de la Palabra. De hecho, ni siquiera puedo hablar de ellos sin pensar en esta relación. Es donde eres testigo de…, predicas a…, enseñas… o aconsejas a alguien bíblicamente— es cuando la Palabra de Dios se presenta, eso es sembrar.


Al regar, estás haciendo algo que animaría a la persona a considerar seriamente las declaraciones de Jesucristo. Sembrar es cuando eres un testigo directo, enseñas una clase de escuela dominical o diriges un estudio bíblico para los niños de la colonia. En contraste con sembrar, regar en muchas maneras es cuando andas en el camino de un cristiano y no solamente hablas el hablar del cristiano. Andar en el camino significa que en tu lugar de trabajo, eres uno de los empleados que siempre llega a tiempo, regresa de la hora de comida cuando se supone que lo haga, se va cuando se supone que deba hacerlo y le das a tu empleador las horas apropiadas que te están pagando. Regar significa que cuando tu vecino estuvo en un accidente de auto, vas y dices: “Podemos vivir un par de días sin un carro. ¿Por qué no usas nuestro carro hasta que se arreglen las cosas?” O les cocinas un platillo y se lo llevas a tus vecinos cuando estén enfermos. Regar es cuando muestras amor y compasión. Otro ejemplo es cuando te ofreces a podar el césped del jardín de tu vecino cuando están de vacaciones. Ser amoroso y compasivo es lo que yo llamo andar en el camino de un cristiano piadoso, eso es regar.


¿Acaso no todos nosotros conocemos a alguien cuya mayor excusa para no seguir a Cristo es el llamado cristiano que hizo x, y, z, que supuestamente alejó a las personas de las declaraciones de Cristo? ¿Todos ustedes conocen a alguien así, o no? Lo que digo es, que regar es lo opuesto a esto. Regar es cuando nos conducimos de tal manera que anima a una persona a hacer preguntas como las siguientes:

  • “¿Qué es lo que te da tal alegría en tu matrimonio?”

  • “¿Cómo puedes resolver problemas?”

  • “¿Cómo son tan diferentes tus hijos en sus perspectivas comparadas con las mías?”

  • “¿Qué hay en ti que te hace tan diferente en como lidias con estas pruebas y dolores del corazón en la vida?”

Te animo a pensar en términos de sembrar, regar y cosechar en lugar de solamente cosechar.


A todos nos gusta cosechar, en nuestra cultura — por lo menos en las iglesias con quienes he estado afiliado y en los círculos a los cuales he sido expuesto— hay una mentalidad diferente de cosechar. A todos nos gusta escuchar de alguien que testifica o de alguien que estaba ahí cuando alguien oró para aceptar a Cristo. En ocasiones, cuando oímos un testimonio como ese, la gente aplaudirá y todos nos emocionamos; ¿pero qué tan a menudo escuchas un testimonio acerca de alguien que sembró la semilla y la gente se anima por esto? ¿Qué tan a menudo escuchas de alguien que hace algo a propósito para mostrar el amor de Cristo y alguien aplaude por ello? Tenemos tal mentalidad sobre la cosecha que es casi como “Si no nos puedes hablar de guiar a alguien a la fe en Cristo, no queremos oír lo que tienes que decir”.


Creo que eso es un obstáculo en nuestro ministerio con los fríos espiritualmente y rebeldes. Será útil si empiezas a pensar en términos de sembrar, regar y cosechar y piensas en “¿Qué requiere esta situación? ¿Necesito sembrar? ¿Necesito regar? ¿Hemos llegado a un punto donde necesito llamarlos al arrepentimiento y a confiar en Cristo?”


4. Ora por sabiduría, especialmente en tus palabras.


Cuando estés lidiando con los espiritualmente fríos y rebeldes, nuestra forma de hablar es muy importante. Uno de mis versículos favoritos en el Antiguo Testamento que he orado muchas veces antes de una sesión de consejería— especialmente con los espiritualmente fríos y rebeldes—es Proverbios 15:2, que dice: “La lengua de los sabios adornará la sabiduría; Mas la boca de los necios hablará sandeces”.


Hay maneras en que puedes decirle algo a alguien y apagarlos y la misma verdad puede ser presentada de forma sabia de manera que la persona la recibirá y después interactuará contigo. La pregunta y desafío para nosotros como consejeros es: "¿Cómo digo lo que necesita decirse a esta persona en este momento de manera que lo reciban?” Quiero instarte a clamar a Dios por sabiduría. He orado tantas veces: “Dios ayúdame a decir lo que necesita decirse de manera que lo reciba y no use lo que dije y como lo dije como excusa para no hacer lo que tú quieres que hagan”. Te insto a orar por sabiduría, especialmente en tus palabras.


5. Recuerda que es el Espíritu Santo quien convence; no es tu trabajo producir cambio.


En Juan 16, Cristo está en Su última enseñanza formal con Sus discípulos antes de ser traicionado y después crucificado, y le dice esto a los discípulos:

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”


El Espíritu Santo convence de pecado, justicia y juicio venidero. Él condena el pecado (lo que no es justo), de justicia (lo que es justo), y de juicio venidero (lo que va a pasar si no estás bien con Dios). Necesitamos recordar que es trabajo del Espíritu Santo hacerlo, no nuestro. Creo que necesitamos resistir nuestros esfuerzos humanos manipuladores para tomar una decisión.


Aunque tuve mucho que aprender mientras iba a la universidad y Seminario Bíblico, la iglesia en la que crecí me enseñó la Biblia apropiadamente. Nuestra iglesia estaba en un área muy rural; nuestro pueblo era el centro del condado y tenía una población de 2000 personas. Nuestra iglesia tenía una asistencia probablemente de entre 75 y 125 personas, dependiendo de cuándo fue el último servicio de avivamiento. Recuerdo uno de mis momentos más memorables en la iglesia, cuando tenía probablemente 12 o 13 años y ya me encaminaba hacia el ministerio cristiano vocacional, teníamos un servicio de avivamiento y todos habíamos sido animados a invitar a la gente al servicio. En la noche de cierre, después de la predicación, él hizo una invitación a pasar al frente. Después de que tal vez dos personas pasaron al frente, la invitación se volvió más y más y más amplia. Mientras se extendía, hubo un punto donde yo era uno de los muchos que pasaron al frente, como un acto de compromiso espiritual. La invitación se hacía más y más amplia hasta que todos en la iglesia estaba parados al frente excepto por el maestro de música no salvo de nuestra preparatoria que había sido invitado a la iglesia; estaba en la ultima fila. Recuerdo estar parado al frente, verlo, y pensar: “Es el hombre más valiente que conozco.” Ese fue un gran punto de cambio para mi que me hizo pensar: “No quiero ser ese tipo de predicador.” Doy invitaciones pero no doy invitaciones así.


Quiero decirte que cuando estés trabajando con los fríos espiritualmente y rebeldes, hay valor en recordar que es el Espíritu Santo quien convence de pecado, de justicia y del juicio venidero. Nuestra responsabilidad es ser fieles en dar la Palabra y representar al Señor Jesucristo amorosamente y apropiadamente.


Considero las perspectivas previamente mencionadas útiles para mí mientras voy a una reunión con una persona espiritualmente fría o rebelde.


El ejemplo de Cristo con Pedro


Este es el trasfondo del cual te hablaré en este momento:

Hace algunos años, cuando yo era pastor, experimenté el punto más bajo en mi propia vida y ministerio. En ese tiempo, cosas muy hirientes se decían de mí y me acusaban de predicar un evangelio social, me acusaban de infanticidio espiritual (matar bebés espirituales), lo que creí que era teológicamente imposible. Uno de mis líderes que renunció, me acusó de ser un hereje. Un pastor asociado y de medio tiempo lideraba un esfuerzo en la congregación donde llamaba a nuestros líderes a anunciar o determinar que yo estaba descalificado para el ministerio vocacional cristiano, a revocar mi orden y despedirme como pastor de la iglesia. Fueron días difíciles. Finalmente esa situación llevó al “juicio” donde invitamos a tres líderes cristianos a escuchar los cargos en mi contra y esos líderes determinaron que yo no soy un hereje.


Considero que las circunstancias que guiaron a ese periodo de tiempo y el tiempo posterior inmediato fue el punto más difícil en mi propia vida y ministerio. Por un periodo de tiempo tuve un dolor en mis entrañas que no se iba, el descanso no lo mejoraba; las aspirinas no lo mejoraban; el ejercicio no lo mejoraba. Había este dolor en mi alma por todo lo que estaba pasando. El dolor en ese tiempo me llevó a las Escrituras. Concluí que quería seguir sirviendo a Cristo pero sabía que debía cambiar y crecer en mi estilo de liderazgo. Me presenté para estudiar la vida de Cristo.


Mi pensamiento en ese punto era este: Jesucristo fue el más grande líder que jamás haya vivido— incluso los nos creyentes lo reconocerán— y si puedo descubrir como Jesús hacía el ministerio y podía ser más como Él en como yo hago el ministerio al grado en que me convertiría más como Él, entonces me convertiría en un mejor líder y sería más efectivo en el ministerio cristiano. Me presenté a un estudio extensivo de los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), a poner atención no particularmente a lo que Cristo enseñaba sino a cómo Él hacía el ministerio y a como Él interactuaba con la gente. Los cuatro evangelios fueron muy útiles, el evangelio de Lucas fue particularmente útil porque el evangelio de Lucas tiene más detalles físicos acerca de Cristo lidiando con la gente más que cualquiera de los otros tres evangelios. Lucas era un doctor entonces su evangelio incluye una atención a los detalles físicos que no está presente en los otros evangelios.


De ese estudio extensivo surgió un cambio distinguido en mi filosofía de ministerio del cual no tengo tiempo de hablar ahora. Sin embargo, parte de lo que hice en ese estudio fue que pensé en como Cristo lidiaba con la gente que lo abandonaba y como Él lidiaba con las fallas. En mi mente, la más grande falla en los evangelios es Pedro negando a Cristo.


Algunos dirían que Judas fue una falla más grande pero en mi mente Judas era un no creyente. Por lo tanto, de las personas que consideraba creyentes, yo diría que Pedro fue la mas grande falla. Así que estudié atentamente como Cristo lidió con Pedro.


1. Cristo le advirtió acerca del rumbo de su vida.


Lo vemos en Lucas 22:31 y 21:34 donde Cristo le dijo: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo… Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces”.

Puesto de manera simple, Cristo le anunció a Pedro: “te diriges hacia un problema.”


2. Jesús expresó preocupación espiritual llena de esperanza.


Lo vemos en Lucas 22:32 donde dice: “…pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.


Yo estaba trabajando particularmente en esto después de lo que me referí previamente como “el juicio.” A la instrucción de los tres líderes que vinieron a ayudarnos, teníamos un voto de confianza en la iglesia y recibí un voto 75% afirmativo, lo que creí que era muy bueno bajo las circunstancias. Me levanté y anuncié que me quedaría como pastor de la iglesia. Cuando lo anuncié, 25% de mi iglesia se puso de pie, caminó hacia afuera y nunca regresó. Perdí a todo mi departamento de música, a la mitad del departamento de jóvenes, y parte de nuestro presupuesto. Fue muy muy duro.


En las semanas y meses posteriores, mientras intentábamos reconstruir el ministerio, había una pareja en la iglesia que se había quedado en esta situación y a quienes yo aconsejaba. Era una de esas parejas donde el proceso de consejería parece dar tres pasos hacia adelante y tres pasos hacia atrás, después tres pasos hacia adelante y dos pasos hacia atrás, después dos pasos hacia adelante y tres pasos hacia atrás. Se sentía como un embrollo. Estoy acostumbrado a ver considerables pasos de progreso, pero con esta pareja solamente estábamos en un embrollo. Él abandonó la consejería y no hacía la tarea.


Para mantener su anonimato, llamaré Roger al esposo. Roger era un empresario ocupado, más que yo, algo dominante y quien en muchas maneras quizás había sido intimidante para íi. Durante este periodo de tiempo, era casi como si el Espíritu de Dios me estuviese convenciendo y me hiciese pensar: “¿Qué hay de Roger? Randy, dices que quieres ser como Jesús en como lideras y ministras. ¿Qué hay de Roger?” Era como si el Espíritu de Dios me desafiara: “Dices que quieres ser como Jesús. ¿De verdad? Bueno, Jesús le advertía a la gente cuando iban rumbo a un problema y expresaba “preocupación” espiritual.


Yo pensaba: “Ok, necesito ir a hablar con Roger.” Hice una cita para desayunar con él. La noche antes de nuestra cita, luché con diarrea y un terrible dolor de cabeza, no dormí mucho y después me desperté la mañana siguiente para tomar más aspirina y dirigirme al restaurante a reunirme con el mientras tenía un nudo en el estómago. Ordenamos nuestra comida y mientras la enfermaba se alejaba, me voltee a él y le dije:

“Roger, déjame decirte la razón principal por la que quiero hablar contigo. Creo que vas a perder a tu esposa e hijos si no cambias. Tu esposa no ha sonreído en seis semanas. No vimos ningún progreso en la consejería mayormente porque no ibas o no hacías la tarea. Si no cambias, perderás a tu familia. Me preocupas tanto que quiero decirte que estoy dispuesto a iniciar la consejería de nuevo. No eres el único hombre en el mundo que es cristiano y ha iniciado un negocio. Estoy dispuesto a ayudar a formar un comité de otros hombres de negocios que conozco de nuestra iglesia y de otra iglesia para ayudar a aconsejarte en algunos de los desafíos que enfrentas, pero debes cambiar. ¿He sido claro?”


Él dijo: “Sí.” Después yo dije: “¿entonces podrías decirme lo que acabo de decirte?” Eso abrió la puerta a la plática.


Para mí, como líder cristiano, ese era un gran paso hacia adelante. Simplemente estaba fuera de un intento de ser como Jesús, quien cuando vio a la gente dirigirse hacia un problema, se los les dijo, pero después ofreció consejo espiritual y preocupación espiritual llena de esperanza.


3. Cristo confrontó a Pedro después de la falla.


Nota que Lucas nos dice que después de que Pedro había negado a Cristo la tercera vez, “Vuelto el Señor, miró a Pedro." ¿Puedes imaginar esa mirada? Continúa diciendo: “y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.” (Lucas 22:61-62)


Mientras meditaba en ese pasaje, parte de lo que me habló fue la parte de lo que guió a Pedro al arrepentimiento fue la mirada de Cristo. Pensé en eso. Como pastor y como obrero y líder cristiano, para muchos representamos la fe. Lo he visto en las salas de urgencias de los hospitales. Como estudiante universitario fue un punto de regreso en mi vida cuando vi a mi pastor— un hombre a quien yo no respetaba en ese entonces— caminar a la sala de urgencias después de que el esposo de una familia en nuestra iglesia había sido asesinado y su esposa a penas se aferraba a la vida. Ese día vi la actitud en la sala de urgencias cambiar cuando ese pastor caminó hacia la sala porque él representaba la fe; él era la representación andante de lo que apreciamos.


Mientras pienso en esa mirada, pienso en un hombre que estaba en nuestra iglesia en ese tiempo, lo llamaré Ray. Ray era un hombre que yo había evangelizado. Él y su esposa hacía unos años pasaron un tiempo en su casa haciendo estudios bíblicos. Que noche tan feliz fue esa cuando oraron para aceptar a Cristo, después pude bautizarlos. Ellos crecieron en la iglesia y la iglesia los amaba. Después él se convirtió en uno de nuestros diáconos, en muchas maneras él es un orgullo y alegría de mi ministerio en cómo Dios había bendecido a esa familia y los había cambiado.


Después Ray empezó a alejarse, abandonó el liderazgo, y dejó de asistir regularmente a los servicios, me acerqué a él para iniciar algo, pero se volvía más frío espiritualmente y rebelde. Después escuché de su esposa que ella tenía razones para creer que él estaba en una relación ilícita, y finalmente logré que él asistiera a una sesión. Recuerdo estar sentado en mi oficina una noche mientras él me decía lo bruja que su esposa era y que él no toleraría que ella lo amonestara más. Él estaba endurecido por el engaño del pecado. Recuerdo decirle: “Ray, cuando hagas público tu pecado, haremos pública la disciplina”. Ya estábamos en el paso dos de la disciplina con él cuando su solicitud de divorcio llegó en papel y lo retiramos de la membresía de la iglesia en el siguiente servicio.


Después de esto, intenté hacer unas reuniones con él para intentar ver si podía hacer que algo funcionara. Él no se presentaba a las reuniones y no regresaba mis llamadas. Un día, estaba pensando en como Cristo lidió con Pedro y cómo lo vio, y pensé: “Tengo mucho tiempo y energía invertida en Ray para simplemente dejarlo salir de esto sin verme una vez más”.


Personalmente estaba irritado con lo que estaba pasando con él. Después llamé a su esposa para averiguar qué turno tenía en la fábrica, y fui a la fábrica, hablé con el guardia de seguridad en el estacionamiento para que me dejara pasar, y subí y bajé las escaleras de ese estacionamiento hasta que encontré su camioneta. Cuando salió de trabajar, cuando llegó al parachoques, yo estaba en la parte de atrás. Tuvimos una plática corta donde apelé a que se arrepintiera. Yo estaba pensando: “No hay manera de que salgas de aquí sin enfrentarme una vez más”. ¿Por qué? Porque Cristo enfrentó a Pedro — volteó y lo vio — ayudó al arrepentimiento de Pedro.


Creo que algunas personas que intentas ministrar y que han endurecido su corazón no harán citas contigo. Tú debes perseguirlos. No se presentarán cuando se supone deben hacerlo, y no regresarán las llamadas ni contestarán mensajes, pero te animo a ser como Cristo y confrontar después de la falla.


Este no es el final de la historia. Todos sabemos que después Cristo desafió a Pedro a servir de nuevo. Juan 21:15-17 dice: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?" Algunos dirían que Jesús se refiere a los otros discípulos; otros dicen que se refiere a la pesca para indicar que Pedro había abandonado el ministerio vocacional y había regresado al trabajo que solía hacer.


Continúa diciendo:

“Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.


Estoy consciente de que en ese pasaje hay varios cambios en la terminología para amor e incluso en la comisión que Cristo le dio. El punto que te quiero aclarar es este: incluso después del desastre colosal de negar a Cristo tres veces, Pedro fue desafiado a servir de nuevo, y se volvió uno de los líderes clave en la iglesia del Nuevo Testamento. El punto es que servimos al Dios de las segundas oportunidades y las fallas como cristiano no son fatales desde el punto de vista de servir. Incluso la gente que ha hecho desastres enormes, necesitan ser llamados al arrepentimiento y ser desafiados a servir de nuevo. Quizás no sean capaces de servir en las maneras que solían hacerlo, pero aún pueden servir. El punto es: Pedro, incluso después de esta falla colosal, fue desafiado a servir de nuevo.


5 Perspectivas útiles


Estas son en un orden muy general en el que yo las usaría. Quiero dejarlo claro, no digas que Randy Patten dijo: “Haz X primero y después haz Y.” Necesitas evaluarlo. Solamente te digo que este orden refleja como estas situaciones tienden a avanzar basado en mi experiencia.


1. Evalúa a la persona y al ministerio que necesitan la luz 1 Tesalonicenses 5:14.


1 Tesalonicenses 5:14 dice: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” Lo mínimo que este versículo está enseñando es que no tratamos a todos por igual. Quieres pensar en la persona individual. Dice: “amonestéis a los ociosos.” “Amonestar” es la palabra noutheo; noutéticamente confrontamos a los ociosos. La palabra “ocioso” era un término militar para referirse a los soldados que estaban fuera de lugar. Un cristiano ocioso es alguien que está fuera de lugar del cristianismo bíblico. Amonestamos a esos individuos, pero alentamos a los de poco ánimo.


En ocasiones la gente solamente es débil en su fe, y no hay mucho viento en su navegar espiritual. Para estos individuos, vamos a ir e intentar ayudarlos. Después, ayudamos a los débiles. Esas son personas cuyas cargas en la vida son tan pesadas que parecen no llevarlas solos. Vamos a ir y ayudar a levantar parte de la carga. Después, somos pacientes con todos. En ocasiones cuando estás lidiando con los fríos espiritualmente y rebeldes, esa palabra “todos” es difícil. En ocasiones es difícil ser paciente con la gente. El punto es: considera la necesidad del ministerio. ¿Cuál sería la manera más sabia de ministrar a esta persona? ¿Qué necesita más esa persona justo ahora?


2. Haz preguntas: una acusación endurece la voluntad, una pregunta pellizca la consciencia.


Por ejemplo, quizás estés lidiando con un hombre que tiene tres hijos, ha sido líder en tu iglesia por un tiempo, quizás ha estado enseñando una de las clases de adolescentes en la escuela dominical, y ahora descubres que está en una relación ilícita con una compañera de trabajo y piensa dejar a su esposa. Digamos que su nombre es Bill. Podrías decir: “Bill, ahora eres un terrible ejemplo de un cristiano para tus hijos y los desanimas a seguir a Jesús.” Eso puede ser apropiado, pero en lugar de decirlo, toma ese pensamiento, voltéalo, y ponlo en forma de pregunta. Puedes decir algo como: “Bill, amas a tus hijos, ¿no es así? ¿Quieres que ellos tengan la actitud hacia las Escrituras que estás manifestando justo ahora? Sabes, la amabilidad produce amabilidad. ¿Quieres que tus hijos sigan tu ejemplo, de racionalizar y desobedecer las Escrituras?”


Una acusación endurece la voluntad; una pregunta pellizca la consciencia. Frecuentemente como consejeros, en nuestro intento de defender la verdad, somos demasiado rápidos para pronunciarnos cuándo sería más poderoso si volteáramos esa declaración y la pusiéramos en forma de pregunta. De hecho, Jesucristo era un maestro en hacer preguntas. ¿Notas que cada vez que Cristo hacía una pregunta, no era porque estaba buscando información? Cuando hacía una pregunta, siempre era para beneficio de la persona a quien se dirigía. Cuando leas el Evangelio, empieza a verlo una y otra y otra vez. Jesucristo está haciendo preguntas.

  • Le dijo a Nicodemo: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”

  • A los discípulos en una ocasión les dijo: “¿Quién dicen los hombres que soy? ¿Quién dicen ustedes que soy?

  • Ya vimos anteriormente la pregunta que le hizo a Pedro: “¿me amas?”

De hecho, sí lo piensas y vuelves a leer el Antiguo Testamento, descubrirás que uno de los comunes denominadores entre los profetas del Antiguo Testamento era que ellos hacían preguntas. La más grande ilustración, por supuesto, es Malaquías. El libro de Malaquías solamente tiene cuatro capítulos, pero está lleno de docenas de preguntas. Es casi como si Dios estuviese hablando a la nación de Israel por medio de Malaquías y Él estuviese haciendo todas estas preguntas, taladrándolos con preguntas para hacerlos conscientes de su pecado. Es casi como si cuando termina, dice: “Piensen en eso por 400 años y regreso con ustedes.” El letrero invisible del Antiguo Testamento es un libro lleno de docenas de preguntas.


Te animo a hacer preguntas. Si quieres ayuda, hay un capítulo muy útil en el libro llamado Seeing with New Eyes (no traducido al español) de David Powlison. Algunos de ustedes lo tienen. Todo el libro es tremendo, pero hay un capítulo al cual dirijo tu atención, llamado “preguntas de rayos x”. Ese capítulo es tremendo para aprender cómo hacer preguntas que van más allá de lo obvio y prueban las intenciones del corazón de la gente.


3. Usa la ilustración de la Y.


Solamente finjamos que estoy en un restaurante con un hombre llamado Jerry, él es un hombre de 23 años, acaba de salir de la universidad, tiene un trabajo. Mientras estuvo en la universidad, se apartó del Señor, y ahora no asiste a la iglesia, sus padres son miembros fieles. Él fue criado en nuestra iglesia, pero ahora no parece estar muy interesado en lo espiritual. Pude ir a comer con él, antes de la comida, pienso: "¿Qué voy a hacer?”


Es un diagrama que yo llamo el diagrama Y. He dibujado este diagrama cientos de veces en la sala de consejería en un pizarrón blanco o negro. Lo he dibujado docenas de veces en restaurantes y lo he dibujado pocas veces en la mesa de cocina de mi casa con mis hijos para ilustrarles algunas verdades espirituales. En mi casa, donde vivo hay una cadena de restaurantes llamados Bob Evans Restaurants. Programo muchas reuniones ahí porque te dan estos manteles grandes de papel y es fácil levantar tu comida, jalar el mantel, voltearlo, y usar el mantel como pizarrón.


Este es un ejemplo de como usar el diagrama Y para mi comida fingida con Jerry:

Jerry, estoy feliz porque hoy comimos juntos, permíteme describir donde creo que estás justo ahora. Yo diría que estás en la Y en el camino. Estás en el punto donde deberás tomar algunas decisiones básicas respecto a como vas a vivir el resto de tu vida. La universidad ahora quedó atrás, y tienes este trabajo y tu auto nuevo, vas a tomar algunas decisiones. Puedes seguir en el camino en el que estás, y deberás elegir entre amarte a ti mismo y hacer lo que quieres o amar a Dios y obedecer Su Palabra.


Justo ahora, puedo entender — por lo que me has dicho y por lo que tus padres me han dicho — que estás viviendo por tus sentimientos y haces lo que quieres. Vas a la iglesia cuando quieres, sigues estándares bíblicos de moralidad cuando quieres y no los sigues cuando no quieres, vives de la manera que quieres. Entiendo cuando me dices que regresar y perseguir a Dios, y tener hambre y sed de justicia justo ahora está en la Y del camino te parece difícil, lo entiendo. Quiero transmitírtelo.


Pero en lo que quiero que pienses es esto: una vez que sigas en el camino a amarte, hacer lo que quieres hacer, y ser tu dios, lo que parece tan fácil ahora será difícil, créeme, será difícil No lo creas porque yo lo digo, sino créelo porque Dios lo dijo. Esto es lo que Dios dice en Proverbios 13:15: “…El camino de los transgresores es duro.” Jerry, dilo conmigo: “…El camino de los transgresores es duro.” Quiero que lo recuerdes, ¿sabes por qué? Porque el camino de los transgresores es duro.


Uno de estos días, mientras vas por este camino, vas a recordar que yo te lo dije y te lo recordé. Vas a decir: “El libro de Proverbios tiene razón: el camino de los transgresores es duro”. Salmos lo pone de esta manera: “Muchos son los lamentos del malvado”. Romanos 2:9-10 dice: “tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego…”. Te digo que lo que parece tan fácil ahora será difícil conforme empieces a vivir.


Lo que quiero que hagas es arrepentirte y que voltees a amar a Dios y obedecer Su Palabra. Sí, es difícil justo ahora, vas a tener que confesar pecado, romper algunas relaciones, y establecer algunas nuevas disciplinas. Pero esto es lo que quiero que entiendas: mientras vayas en ese camino, descubrirás que tu vida será más fácil, no se hace fácil, pero se hace más fácil. El camino de los piadosos es más fácil que el camino del transgresor. Así es como la Biblia habla al respecto: Jesús dijo en Juan 13:17 felices son aquellos que hacen lo que Él les ha enseñado. El libro de Santiago dice que si no somos oyentes olvidadizos de la Palabra, sino que hacemos lo que la Biblia dice, seremos bendecidos al hacerlo. Romanos 2:10 dice que habrá gloria y honor y paz para cada alma del hombre que hace el bien, al judío primero y también al gentil.


Me has oído hablar acerca de esto antes, pero necesitas aplicarlo porque estás en la Y en el camino y tienes que tomar una decisión. No hay alternativa. De una u otra forma, estarás tomando una decisión. De hecho, permíteme explicarte porque pienso que estás en esta situación. Así es como yo explicaría porque incluso necesitamos tener esta conversación. Hebreos 3:12-13 dice esto: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado”. El Jerry que veo interactuando conmigo hoy ha sido endurecido por el engaño del pecado, espero que te arrepientas pero si no, sabrás lo que ha de venir.


Empecé a dibujarlo y casi pude ver cómo si se cerrasen las persianas. Muchas veces lo doblaré y le diré a la persona que se lo lleve. Esa es la ilustración Y.


Otra manera de comunicar estas verdades de una manera diferente pero aún similar es la siguiente estrategia.


4. Usa la tabla “Hazlo bien, hazlo mal.”


Me gusta usarlo cuando tengo un poco más de tiempo. Dos cosas que le señalo a la gente cuando lo uso son: 1) que la gente venga a verme como consejero porque se sienten mal; y 2) se sienten mal porque han estado haciendo lo que está mal. Me gusta señalarle a la gente que pueden hacer lo que está mal de dos maneras: 1) pecados de omisión, donde no hacen lo que deberían hacer; y 2) pecados de comisión, donde están haciendo lo que no deberían estar haciendo. Después hablo con la gente acerca de la importancia de hacer lo que es correcto, y hablo sobre el hecho de que hacer lo correcto no solo involucra acciones, sino que también incluye su pensamiento. Dios está preocupado por nuestros motivos; no solo por nuestras acciones. Ese es el punto del Sermón del Monte donde Cristo no da como los fariseos, sino que no dejes que tu mano derecha sepa lo que hace tu mano izquierda. Eso significa no hacer un espectáculo cuando ayunas —ayunar es algo bueno — pero no lo hagas un espectáculo. Todo se trata de los motivos. Cito parte de las mismas Escrituras que cité antes para el diagrama Y.


5. Cita frecuentemente un versículo o frase estratégica lo suficiente para hacerlo memorable.


En ocasiones cuando lidio con personas que describiría como espiritualmente frías y rebeldes, me veo pensando: “Esta quizás sea o probablemente será mi última sesión con ellos. No tendré otra reunión con ellos”. Cuando lo pienso, me motivo, quiero hacer algo para enganchar algo de verdad espiritual. Cuando hablo de citar un versículo estratégico, esto es a lo que me refiero: por ejemplo: cito el versículo que mencioné antes,… “El camino de los transgresores es duro”. y le pido a la persona que me lo repita. Si tengo una reunión de 30 minutos con alguien y creo que esa será la última reunión, probablemente citaré ese versículo 20 veces durante la sesión. Pueden estar intentando no memorizarlo, pero saldrán por la puerta pensando: “…El camino de los transgresores es duro”. Esa es la meta.


Estos son otros versículos memorables que puedes usar y engancharán a algunos:

  • “…y sabed que vuestro pecado os alcanzará”. (Números 32:23)

  • “Muchos dolores habrá para el impío…”. (Salmos 32:10)

Estos son algunos ejemplos o frases:

  • Solamente dos opiniones: complacer a Dios o complacerme a mí.

  • Las decisiones tienen consecuencias.

  • Puedes elegir qué hacer, pero no puedes elegir las consecuencias.

Recientemente, enseñé este seminario en otro lugar y un hombre me dijo que le gustaba decirles a los adolescentes: “Puedes elegir tus patadas, pero no puedes elegir el contragolpe”. (similar a la última frase “Puedes elegir que hacer, pero no puedes elegir las consecuencias”). Puedes ver la idea de capturar la verdad bíblica de alguna manera que esperemos sea memorable. La meta es enganchar la verdad a su pensamiento para que cuando estén despiertos en la noche porque no pueden dormir y están repasando su vida, que esta Escritura o esta frase que captura la Escritura les venga a la mente.


6. Dales un cuadernillo, libro o audio apropiado.


De verdad te animo a pensar en usar algo como un pequeño cuadernillo. He descubierto que los espiritualmente fríos y rebeldes no van a leer un libro. Lo que me gusta hacer es usar uno de esos pequeños mini libros que cuestan alrededor de $3.99USD. Por ejemplo: You Can Trust God (no traducido al español). Si fuera a reunirme con un hombre como Jerry, iría a esa reunión con uno de esos folletos en mi maletín o chamarra, al final diría:


“Quiero darte algo, quiero que me hagas una promesa, basado en la forma en que respondiste hoy, creo que no lo vas a leer. Pero lo que quiero que me prometas es que lo lleves a casa y lo pongas enfrente de tu Biblia. Prométeme que lo pondrás al frente de tu Biblia. Creo que llegará un día en que estarás interesado en abrir tu Biblia de nuevo, y cuando la levantes, quiero que recuerdes este folleto, y quiero que recuerdes en ese momento que puedes confiar en Dios. Él es digno de tu confianza”.


Darle a alguien un pequeño folleto así, puede ser muy, muy útil. Dales un cuadernillo, folleto o algo que puedan ver quizás en el futuro cuando estén más abiertos.


7. Llega un momento donde es apropiado que tú cuestiones la realidad de su conversación.


Creo en la seguridad eterna, pero personalmente he sido grandemente influenciado por las palabras de Cristo en Mateo 7:21-23 donde Cristo dice que vendrá un día donde muchos van a estar delante de Él y dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” y Él les va a decir: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” Creo que la más grande sorpresa cuando lleguemos al cielo algún día no va a ser quien está ahí que no creímos estaría ahí. Creo que la mayor sorpresa es quien no está ahí que creímos que estaría. Cuando una persona está en pecado evidente, sin arrepentimiento, después de un periodo razonable de tiempo es apropiado que cuestiones la realidad de su conversación.


Recuerdo una persona con quien lidiaba y era obstinado en sus posturas y no respondía a las Escrituras de una manera piadosa. Era el tipo de personas que quería hablarme sobre todas sus obras religiosas, como testificaban a la gente en su trabajo. Recuerdo decirle a este hombre un día: “Por favor, quiero hacerte una petición, por favor no le digas a nadie que eres cristiano, lo complicas para el resto de nosotros. Eso es lo que el mundo llama un hipócrita. Estás alejando a la gente de Jesús. Prométeme que no le dirás a nadie más que eres cristiano. Creo que debes dejar de considerarte cristiano”.


8. Habla acerca del impacto potencial en la gente que le importa.


Si un hombre deja a su esposa por su amante, lo que me gusta hacer es decir:

“Hey, cuando te conocí hace años, ¿no me dijiste que tus padres se divorciaron cuando eras niño? Háblame de eso otra vez, ¿cuántos años tenías? ¿cómo estaban las cosas cuando tu papá se fue? ¿cómo te afectó en la escuela? ¿Cómo afectó tu desempeño en los equipos atléticos? ¿Estabas feliz por ello?”


Haría que entrara en detalles y después le diría: “¿entonces eso es lo que le vas a hacer a tus hijos, cierto?” Entonces si conozco a la familia, si hemos hablado de los niños, diría: “Hablemos del mayor; hablemos de Aarón (por ejemplo), esto puede ser difícil para él. ¿Eso es de verdad lo que vas a hacer?”


9. Construye la culpa en un esfuerzo de ayudar a su arrepentimiento.


El Espíritu Santo es quien convence, como he señalado pero hay cosas que podemos hacer para ayudar a una persona a entender la magnitud de lo que está haciendo. Puedes hablar de los cargos en el liderazgo que la persona ha tenido, y quizás habla de la gente que ha influenciado. Puedes decirle a un hombre: “Escucha, enseñaste al grupo de último año de preparatoria durante cinco años, piensa en el impacto en esos niños, que ahora son adultos jóvenes, cuando descubran que el hombre que los apuntó a Jesús durante años y años ahora abandona a su esposa. ¿Qué crees que les hará eso?”


10. Describe el propósito y proceso de la disciplina de la iglesia: lo que sucederá a continuación y cuándo.


Recuerdo hablar con un hombre que se estaba resistiendo y teníamos personas involucradas con él. Iba a reunirme con él y decirle: “Debido a tu negativa a arrepentirte, te vamos a dar 10 días o dos semanas” — cualquier tiempo que te demos —” y si para ese entonces no te arrepientes, vamos a despedirte de nuestra iglesia porque la forma en la que vives es impía y no es la forma que Cristo quiere que vivas”.

Recuerdo que solamente dijo de manera aterradora: “Está bien, solamente avanza y sácame del rol, sácame, no me importa”. Recuerdo decirle: “Oh no, no vamos a sacarte, vamos a entregarte a Satanás para la destrucción de tu carne. Eso es la disciplina bíblica de la iglesia”.


11. Ora fervientemente con él y por él.


Por cierto, esta es una de esas veces donde hay un gran beneficio en darles consejería. Hubo una ocasión en el centro de capacitación en Lafayette donde pensé que sería la última sesión con un hombre en específico antes de que abandonara la consejería. Le dije a mis capacitados en ese punto: “si al final de la sesión, digo que los tres vamos a orar, cuando te pido que ores, no quiero una oración pequeña como la que harías en un restaurante antes de la comida. Quiero que toques las puertas del cielo por este hombre y hago que los tres oremos. Quiero que uno de sus recuerdos duraderos cuando salga del edificio sea las tres personas clamando a Dios por su alma”.


12. Asegúrale tu amor y preocupación constante.


Si no tiene tu número de celular, dáselo. Dile que puede llamarte en cualquier momento, día o noche, y que lo verás y querrás ayudarlo. Manifiesta tu amor y preocupación por él.


Esas son algunas estrategias para lidiar con los espiritualmente fríos y rebeldes que espero te sean útiles.


Sobre el autor


Randy Patten es el Presidente del EQUIPO Focus Ministries y ex Director Ejecutivo de la ACBC.








Traducido por: Ana Zamarrón / Mariana Robles

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